Si habéis seguido el caso Sijena, es probable que os hayáis topado con uno de los punzantes apuntes de Albert Velasco (Lleida, 1976). El historiador del arte y conservador del Museu de Lleida del 2007 al 2019 tiene una de las opiniones al respecto más formadas del país, después de haber vivido de cerca los litigios por el arte de la Franja desde los años noventa —incluido el asalto de la Guardia Civil a la pinacoteca leridana en diciembre de 2017—. En la televisión, en la radio, en la prensa... pero sobre todo vale la pena verlo jugar en las redes sociales, donde parece que disfruta de dejar en evidencia a gente como Marisancho Menjón, exdirectora general de Patrimonio Cultural del gobierno aragonés. Combina el papel de experto con el de activista, hasta el punto que dimitió como miembro del plenario del Museu de Lleida para protestar. Casi un año después de la estocada final a las obras que continúan en el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC), y en medio del debate sobre la viabilidad de trasladarlas al emplazamiento original, Velasco ha publicado ahora Les pintures de Sixena. Un foc que encara crema (Pòrtic, 2026), una historia de la batalla política a su alrededor. Y nadie se salva de recibir: aragoneses, jueces, autoridades españolas, políticos catalanes y, incluso, el mismo MNAC. En ElNacional.cat le hemos entrevistado por videollamada esta Semana Santa, a las puertas de Sant Jordi, y ya nos ha avisado que él no se muerde la lengua: "Sé que estas cosas no gustarán, pero yo soy un historiador, y tengo que decir las cosas como son".

¿Por qué un libro sobre Sijena? Dices que ahora es el "peor momento" para hacerlo.
La situación de las pinturas del MNAC es muy excepcional, sin precedentes en la historia de los museos de todo el mundo. Porque no es simplemente un caso de restitución patrimonial, es decir, de una comunidad que reclama a la comunidad vecina unas obras de arte. Estamos ante un conflicto político de primer nivel que se enmarca dentro de lo que hemos visto los últimos años del conflicto Catalunya-España. De esto no hay ningún tipo de duda. Es decir, hay un trasfondo político detrás de estas reclamaciones patrimoniales, y había que explicarlo bien explicado en un libro que aún no se había hecho.

 

En el libro, y fuera de él, insistes en el papel ausente del Ministerio de Cultura, concretamente del ministro Ernest Urtasun y de su mano derecha, Jordi Martí Grau. ¿Cómo se explica que no hayan pedido al Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) un informe que podría ser clave?
Sencillamente, no se explica. Es como si ahora, en Catalunya, tuviéramos un problema gravísimo de salud pública y no intervinieran la Conselleria de Salut o el Ministerio de Sanidad. Es decir, es inexplicable. El Ministerio tiene un organismo, el IPCE, que es el instituto que más sabe en todo el Estado en cuestiones de conservación y restauración, las cuestiones que ahora afectan a las pinturas de Sijena en el marco de la ejecución de la sentencia. Es inaudito y es una imprudencia desde el punto de vista no solo político, sino también técnico, no solicitar la opinión de este organismo. El ministro Urtasun y su mano derecha, Martí Grau, lo hacen por razones políticas. No lo hacen por razones técnicas, lo hacen por razones políticas, porque no quieren que el IPCE se posicione —y, por lo tanto, el Ministerio— en contra de los intereses de una comunidad autónoma —en este caso Aragón— y a favor de los intereses de otra comunidad autónoma —en este caso Catalunya—. En un país normal, todo el mundo estaría pidiendo la dimisión de estas dos personas, porque están actuando de una manera muy imprudente y muy irresponsable.

¿Y nadie lo puede pedir, este informe? ¿La jueza, por ejemplo, a quien has acusado de no pedirlo a propósito? ¿La Generalitat? ¿El MNAC?
Claro que lo podrían pedir. De hecho, el MNAC ya lo ha pedido. Pero, ¿cuál es el problema? Que el Ministerio lo tiene que autorizar, y tenemos al señor Urtasun y al señor Martí Grau haciendo de dique de contención, maniobrando políticamente para que este informe no salga del Ministerio. Y también es evidente, efectivamente, que la jueza lo podría pedir, ella más que nadie. Incluso, para protegerse, porque no tiene una papeleta fácil. Tiene sobre la mesa uno de los problemas más importantes que se ha dado en materia de conservación y restauración en los últimos años en todo el mundo, y tiene que tomar una decisión. El MNAC, con muy buen criterio, le dijo: "Señora jueza, pida el informe al IPCE. Haga el favor, que será mejor para todos". Y la jueza, ¿sabes qué dijo? "No. En este estado de la ejecución de la sentencia, este informe ya no es necesario". Es evidente que la jueza, que es de Huesca y que es aragonesa, va a por faena y tiene un objetivo muy claro, que es que las pinturas vuelvan al monasterio de Sijena. Pero esto es una imprudencia por parte de la jueza terrible, hasta el punto de que la demanda contra ella que han anunciado hace poco cinco consejeros es, en parte, por eso. Porque ella podría estar prevaricando al no pedir este informe. Es que es muy grave. Se ha denunciado el posible delito que está a punto de cometer una jueza: si las pinturas se empiezan a desmontar y se dañan, esto es un delito que atenta contra el Código Penal, contra la Constitución española, contra la ley del patrimonio histórico español, contra la ley del patrimonio cultural catalán… Es muy grave. Que la jueza no haya pedido este informe al IPCE es, nuevamente, una anomalía más de este caso.

 

De la Generalitat y del MNAC, ¿qué decimos?
En el caso del MNAC, lo que podemos decir es que han adoptado una posición, como no podía ser de otra manera, eminentemente técnica. Y han pedido los informes que se tenían que pedir. Están intentando demostrar que mover las pinturas es una aberración, desde un punto de vista técnico y museológico. Están haciendo lo que se tiene que hacer. Lo advierten desde hace diez años: los primeros informes que pidieron a diversas instituciones de mucho prestigio para alertar sobre el peligro de mover las pinturas son de justo después de la primera sentencia, es decir, del año 2016.

Quien no lo ha hecho bien últimamente es la Generalitat. Se destapó que existía la voluntad, por parte del president Salvador Illa y de su entorno más cercano, de devolver inmediatamente las pinturas, de no generar más revuelo con esto, de no hacer enfadar a los vecinos aragoneses. Porque nos tenían que dar apoyo para la financiación singular. Es una posición absolutamente naíf por parte de todo un presidente de la Generalitat, que demuestra un desconocimiento gravísimo de la situación. Además, con el agravante de que sus altos cargos del Departamento de Cultura no le habían informado adecuadamente. Estas maniobras que la Generalitat estaba haciendo en contra del MNAC son algo inaudito. La Generalitat maniobrando en contra de los intereses del MNAC para devolver las pinturas, la Generalitat maniobrando en contra de los intereses de todos los demás, como comunidad, como propietarios simbólicos de este patrimonio. Porque están en tierras catalanas, y mientras estén en territorio catalán, las pinturas de Sijena serán patrimonio catalán, por mucho que desde Aragón digan que no lo son. Mientras estén en territorio catalán, serán patrimonio catalán porque así lo dice la ley. Es muy grave que la Generalitat maniobre en contra de los intereses de todos nosotros como comunidad.

Las pinturas de Sijena. Un fuego que aún quema   Albert Velasco, Portic, 2026
'Les pintures de Sixena. Un foc que encara crema' (Pòrtic, 2026), de Albert Velasco

Se publicó una entrevista falsa a Colalucci. Ilustra mucho el nivel de putrefacción al cual se ha llegado

Dices que las pinturas de Sijena son patrimonio catalán. Se ha hablado mucho de la cuestión técnica, pero a veces parece que el relato político sobre de quién son las pinturas queda relegado. Hacia el final del libro, exploras el debate entre conservación y propiedad. ¿Está perdido el relato sobre la historia de las obras? Además, hablas de Josep Gudiol y de cómo se ha atacado su figura…
Hay un relato técnico, y es el que está imperando estos días, porque estamos en el momento de si las pinturas pueden ir o no a Sijena, y si pueden vivir para siempre más en Sijena o no, y este es el relato fundamental. Pero, evidentemente, el tema de Sijena tiene muchos relatos adyacentes. Uno es el relato político y el combate por el control del relato histórico. Es decir, desde Aragón se ha manipulado la historia de una manera indigna en relación con este tema. Se ha querido presentar a Josep Gudiol como un expoliador, como alguien que saqueó el monasterio. Incluso se ha llegado a decir que él fue una de las personas inductoras del incendio para poder llevarse las pinturas. Se han dicho todo tipo de tonterías no solo por personas desinformadas y con mala fe, sino incluso por personas con cualificación técnica. La realidad es que el señor Gudiol se comportó de una manera irreprochable. Le tenemos que dar las gracias cada día de nuestra vida por haber salvado las pinturas, junto con dos personas que no se las menciona tanto: Antoni Robert y Antoni Llopart. Ellos tres fueron las personas asignadas por la Generalitat el año 36 para ir al monasterio de Sijena y salvar lo que había quedado de estas pinturas que habían sido destruidas, incendiadas.

Incluso, y eso lo explico en el libro, los franquistas nunca se atrevieron a dudar de la honorabilidad de Gudiol ni de las personas que lo ayudaron. Los franquistas siempre consideraron que aquello fue una operación de rescate in extremis, en un contexto bélico. En cambio, hoy tenemos una jueza, todo un gobierno aragonés, todo el Ayuntamiento de Villanueva de Sijena y buena parte de la opinión pública aragonesa dudando de la honorabilidad de Gudiol y de cuál fue su ánimo cuando fue a rescatar las pinturas: si a rescatarlas y salvaguardarlas, o bien a lucrarse económicamente. Lo que no se atrevieron a hacer los franquistas lo han hecho personas en pleno siglo XXI. Y eso es terrible, pero no es de extrañar en un contexto en que la extrema derecha y estas opiniones tan furibundamente españolas y anticatalanas están a la orden del día. Detrás de todo esto hay un componente anticatalanista fundamental.

Las restituciones de patrimonio en casos como los de Sijena y la Vall de Boí son desaconsejables

Uno de estos acosadores imagino que es el abogado de Villanueva de Sijena, Jorge Español. Al respecto, lo más noticioso del libro quizás son los correos sobre él de Gianluigi Colalucci —restaurador Capilla Sixtina, muerto en 2021—. 
Lo que da a conocer el libro son los correos electrónicos que Colalucci intercambió con una persona amiga suya de aquí, que he mantenido en el anonimato, en los que él, Colalucci, se quejaba amargamente del acoso al que le estaba sometiendo el abogado. ¿Por qué? Porque Colalucci, que era en aquel momento el máximo especialista mundial en pintura mural en cuanto a conservación y restauración, se había posicionado a favor de no tocar las pinturas del museo y eso, evidentemente, perjudicaba los intereses aragoneses. Español inició una cruzada de persecución a este experto para hacerlo cambiar de opinión, cosa que no consiguió. Pero lo más grave es que, desde Aragón, y también con la implicación de Español y el periodista aragonés Ángel Huguet, se publicó una entrevista falsa en el Diario del Alto Aragón en la que hacían decir a Colalucci lo contrario de lo que había dicho en los medios catalanes. Fue gravísimo. Ilustra mucho el nivel de putrefacción al que ha llegado este tema.

¿Cómo es que no se pidió la opinión de este experto? ¿Por qué no se aprovecharon estos correos?
En el libro desvelo que la parte catalana también ha hecho cosas mal, y una es esta, no contar inicialmente con la opinión de Colalucci. ¿Por qué a Colalucci no se le pidió, por ejemplo, que fuera a declarar al juicio de 2016 en Huesca? Es inexplicable. ¿Cómo es que a Colalucci, cuando se empezó a pedir informes a expertos internacionales para cargarnos de razones y de argumentos, para defender la permanencia de estas pinturas en Catalunya, no se le pide un informe? Esto el MNAC lo hizo mal. Sé que estas cosas no gustarán, pero yo soy un historiador, y tengo que decir las cosas como son. Tengo que hacer un análisis crítico de todo lo que ha pasado en estos dos años, y de la misma manera que cargo las tintas contra la parte aragonesa en aquellas cosas que han hecho mal —que son muchas—, también lo hago en relación con la parte catalana.

 

De este juego sucio, hemos visto mucho. Cuando ya había salido el libro, por ejemplo, se atrevieron a pedir el préstamo de unas pinturas.
Pidieron el préstamo de los fragmentos del retablo mayor de Sijena que se conservan en el Museu de Lleida, porque el Museo de Huesca está montando una exposición temporal sobre él. El Museu de Lleida, con muy buen criterio, no cedió estas piezas porque forman parte de su exposición permanente. Desde Aragón se han escandalizado, pero es habitual que los museos no cedan piezas que ocupan un espacio entero de su exposición permanente. Además, en el contexto actual, es normal que el Museu de Lleida no ceda las piezas, porque no habrían vuelto nunca más. Los aragoneses ya lo han hecho, esto. El año 2008 pidieron dos arcos del Palacio de la Aljafería que estaban en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid desde el siglo XIX, y no se han devuelto. Es un robo con luces y taquígrafos. Hay precedentes, y por eso el Museu de Lleida ha hecho bien en no ceder estas piezas, porque estoy seguro de que no habrían vuelto. Porque, en este sentido, los aragoneses no son de fiar.

El caso Sijena tiene otro debate adyacente, que es el de dónde deben estar las obras. ¿Deben estar en su emplazamiento original o ya están bien donde están? Un ejemplo es el de Sant Climent de Taüll, y si las pinturas deben estar en el MNAC o deben volver la Vall de Boí. ¿Qué nos enseña Sijena?
Este caso, efectivamente, nos enseña muchas cosas. De entrada, te diré que cualquier historiador del arte al que le preguntes te dirá que las obras deben estar en su lugar de origen. Esto es incuestionable. Porque los lugares de origen del patrimonio religioso, en este caso, son las iglesias, que le dan sentido y contexto. Son la comunidad para la cual aquellas obras fueron concebidas, pintadas, realizadas. Por lo tanto, que existan los museos es una anomalía, pero son fruto de la historia. Cuando estamos hablando de pintura mural —como las pinturas de Sijena y las de la Vall de Boí—, una vez las pinturas han dejado aquellas iglesias, es decir, que se han arrancado y han pasado por unos procesos muy traumáticos de conservación y restauración, no pueden volver. Ni las de Sijena, ni las de la Vall de Boí. ¡Fíjate, estás hablando con uno de Lleida, y yo soy el primero en defender que las pinturas del Valle de Boí no tienen que volver a la Vall de Boí! Es una aberración desde un punto de vista técnico, de la misma manera que lo es que vuelvan las pinturas de Sijena. Por lo tanto, aunque las restituciones de patrimonio son muy recomendables cuando técnicamente sean viables, en casos como los de Sijena y la Vall de Boí son altamente desaconsejables.

Lo más probable es que estas pinturas no se acaben instalando en la sala capitular de Sijena

Para acabar: ¿de aquí a un año, o de aquí a dos, podremos ver las pinturas de Sijena?
Es posible que continúen en Barcelona porque la ejecución de la sentencia aún no haya concluido. Es que esto no será rápido ni fácil. De hecho, es posible que de aquí a 25 años las pinturas de Sijena aún estén en Barcelona. Hay dos posibilidades: que se marchen o que no se marchen. Y que no se marchen es una posibilidad. ¿Por qué? Porque podría ser que, finalmente, la jueza, que hasta ahora se ha mostrado muy intransigente y con poca capacidad para escuchar lo que se le dice, es  acabe dando marcha atrás y que se dé cuenta de que lo que quiere hacer es una absoluta aberración, desde un punto de vista técnico y museológico. Por lo tanto, hay esperanzas de que no se cometa este atentado contra el patrimonio. Porque, en definitiva, lo que puede llegar a pasar si se lleva adelante esta operación es que acabemos todos juntos cometiendo un atentado contra el patrimonio. Esperemos que esto no acabe pasando y que las pinturas, por muchos años, se puedan ver Barcelona.

¿Y si se van, no las volveremos a ver? ¿Ni aquí, ni en Aragón, ni en ningún sitio?
Si se van, será porque la ejecución de la sentencia ha salido adelante, y entonces las pinturas irán a Aragón, pero está por ver qué pasará. Aragón no ha explicado qué piensa hacer con las pinturas cuando las tenga allí, que es otra de las cuestiones gravísimas. El MNAC está pidiendo por activa y por pasiva, para poder proceder a la ejecución de la sentencia —desmontar las pinturas, embalarlas, trasladarlas—, saber qué intenciones tiene el gobierno de Aragón. Es decir, cómo las quiere montar y de qué manera. Una cosa va ligada con la otra. Hasta ahora, el gobierno aragonés no lo ha explicado. Yo creo que no lo saben. Es un caso tan complicado que no tiene precedentes en la historia de la museología mundial, y las inseguridades y los riesgos son altísimos. Te diría que, incluso, es normal que el gobierno de Aragón no haya explicado todavía cómo lo quiere hacer, porque seguramente no lo sabe hacer. Lo más probable es que estas pinturas no se acaben instalando en la sala capitular de Sijena, y que se acabe construyendo un edificio adyacente al monasterio y que se expongan allí. O podría ser que las lleven al Museo de Huesca o al de Zaragoza. No las veremos nunca en la sala capitular de Sijena porque, tal como están montadas sobre los bastidores actuales, las telas y los bastidores, no se pueden desmontar y adaptar a la arquitectura original de la sala de donde proceden.