Las elecciones al secretariado nacional de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), previstas entre el 14 y el 18 de abril, llegan marcadas por una ausencia significativa: la desaparición del sector crítico. El proceso electoral, que debe renovar a los 77 miembros de la dirección de la entidad, se desarrolla en un contexto de continuidad y con menos tensión interna que en mandatos anteriores, después de años de fuertes disputas estratégicas. El presidente actual, Lluís Llach, ha confirmado que se presenta de nuevo al secretariado nacional, con la voluntad de dar continuidad a la línea política impulsada durante su mandato. Como el resto de candidatos, sin embargo, no puede explicitar si optará a la presidencia, ya que el sistema electoral de la ANC establece que primero se escogen los miembros del secretariado y, posteriormente, estos eligen al presidente. La proclamación se hará el 23 de abril, haciéndolo coincidir con Sant Jordi. Dos días más tarde, se constituirá el nuevo secretariado nacional, que deberá designar los nuevos cargos: presidencia, vicepresidencia, tesorería y secretaría.

Entre los nombres destacados que también aspiran a formar parte del nuevo órgano hay figuras como Pere Pugès, uno de los fundadores de la entidad, así como otros perfiles como Joan Matamala o Antoni Soy. También vuelven a presentarse Jordi ManyàEnric de VilaltaXavier Codó y Daniel Carull, que ya formaron parte de los primeros secretariados nacionales. La reforma reciente de los estatutos ha facilitado el regreso de antiguos dirigentes, lo que refuerza la idea de un secretariado de continuidad y con peso de la “vieja guardia”. De entre los miembros del secretariado que en algún momento habían expresado apoyo al sector crítico, solo Ariadna Heinz ha decidido volver a presentarse. En su día, suscribió un manifiesto en el que denunciaba que no se había conseguido “generar un clima de trabajo cohesionado” dentro del órgano y señalaba directamente a Lluís Llach por no haberlo facilitado ni promovido.

Con todo, en la actual candidatura, Heinz evita cualquier mención a estas tensiones internas y pone el acento en el trabajo realizado durante los últimos dos años, especialmente en el ámbito de la incidencia internacional. El proceso electoral se iniciará con la campaña, que se extenderá hasta el 13 de abril, y culminará con unas votaciones que se podrán realizar tanto de manera telemática como presencial. Una vez proclamados los resultados, los nuevos secretarios elegirán al presidente en una segunda fase interna, un mecanismo que a menudo convierte el cargo en objeto de negociación entre corrientes. 

La ausencia del sector crítico

A pesar de este funcionamiento establecido, lo que realmente marca estas elecciones es la ausencia del sector crítico, que había protagonizado buena parte del debate interno en los últimos años. Este grupo, partidario de impulsar una lista cívica independentista al margen de los partidos, ha optado mayoritariamente por no presentarse. Su retirada dibuja unas elecciones “descafeinadas” y con un resultado más previsible. El debate sobre la lista cívica fue, de hecho, el eje central de la crisis interna de la ANC durante las elecciones anteriores. La propuesta pretendía crear una candidatura electoral propia que actuara como cuarto espacio independentista, pero generó una fuerte división entre los socios y no prosperó. Los críticos defendían que esta vía permitiría superar la dependencia de los partidos, mientras que el sector mayoritario consideraba que podía fragmentar aún más el independentismo y que incumplía los objetivos fundacionales de la ANC.

Estas discrepancias se tradujeron en tensiones constantes dentro del secretariado y en diversos episodios de confrontación pública. Durante el mandato de Llach, se han producido acusaciones de “gestión despótica” por parte de algunos miembros, como el exvicepresidente del Parlament Josep Costa, que denunció decisiones unilaterales en el funcionamiento interno. También ha habido dimisiones y abandonos de reuniones como muestra de desacuerdo con la dirección. A estas tensiones internas se han añadido polémicas políticas externas. Llach ha mantenido una línea dura respecto a los partidos independentistas, advirtiendo que la ANC no sería “una muleta” de sus estrategias y apostando por vías más confrontativas, como la desobediencia civil. Este posicionamiento ha generado fricciones con formaciones como ERC o Junts.