Vinos para reencontrarnos con el otoño: variedades locales para dar la bienvenida al frío

¡Ha llegado el otoño! Casi sin darnos cuenta, dejamos atrás las sofocantes olas de calor del verano para adentrarnos en una época de transición. Los atardeceres empiezan a refrescar, los días se acortan de manera progresiva y el paisaje se tiñe de colores tostados. Con este cambio de clima, nuestro cuerpo también nos pide un cambio de ritmo y, poco a poco, empiezan a apetecer los vinos tintos. Pero no hablamos de vinos pesados ni excesivamente estructurados, sino de botellas que evocan la calidez de la nueva estación. Para darle la bienvenida como se merece, hoy os proponemos tres vinos de variedades muy arraigadas en Catalunya. Son vinos frescos, de tacto amable en boca y con una gran personalidad, elaborados sin grandes extracciones ni largas crianzas que enmascaren la uva


Tres vinos de otoño

Comenzamos nuestro viaje con el Sumoll 2024 de La Fita, el proyecto personal de Martí Torrallardona Raventós en el Penedès, donde produce vinos de mínima intervención de perfil fresco y grado alcohólico bajo. El proyecto comienza en el año 2021, cuando Martí decide elaborar con una pequeña parte de los viñedos que sus abuelos y tíos trabajan desde hace muchos años. Esta iniciativa nace con un propósito muy claro: reivindicar el valor de los viñedos familiares y rescatar el protagonismo de las variedades locales que habían quedado en el olvido. Este vino en concreto nace de un pequeño viñedo ecológico situado en Can Catassús plantado hace unos 15 años. Después de una vendimia cuidadosa, el vino pasa cinco meses de crianza en botas usadas. El resultado es un sumoll vibrante, fresco y con el nervio característico de la variedad. Aquí, la madera juega un papel secundario: acompaña y pule el vino sin quitarle protagonismo a la fruta roja y a la tipicidad del terruño.

Vins tardor Laura Serrano Foto Raquel Sánchez
Tres vinos ideales para el otoño. / Foto: Raquel Sánchez

El viñedo se gestiona a tornallom, una antigua expresión que define una manera tradicional de trabajar en comunidad. Es un sistema solidario donde los viticultores de diversas masías de la zona se ayudan entre ellos durante las tareas más duras del año

La segunda parada nos lleva hasta Sant Pere de Riudebitlles con El Vi de l’Avi Rosendo, de Cal Bardera. Se trata de una garnacha negra deliciosa elaborada gracias al esfuerzo y la sensibilidad de David Martí y Vanesa Miró. Lo que hace realmente especial a este proyecto, más allá del contenido de la botella, es cómo se trabaja la tierra. El viñedo se gestiona a tornallom, una antigua expresión que define una manera tradicional de trabajar en comunidad. Es un sistema solidario donde los viticultores de varias masías de la zona se ayudan entre ellos durante las faenas más duras del año. En la bodega, para conservar la máxima ligereza, se retiran las pieles antes de que termine la fermentación. El resultado es una garnacha tinta juguetona, llena de fruta roja viva, aromas de hierbas mediterráneas y una boca muy fresca que invita a dar otro trago.

Terminamos nuestro recorrido en la Conca de Barberà con el Trepat 2024 de Josep Foraster, una bodega de referencia ubicada en Montblanc. Elaborado exclusivamente a partir de viñedos viejos que han aprendido a equilibrarse con el paso de los años, este vino es una explosión de fruta roja madura, sutiles notas de especias y unos taninos muy delicados. Tiene una crianza de seis meses en una madera muy discreta que se encarga de redondear el conjunto. A menudo hay quien llama al trepat la "pinot noir catalana" por su ligereza y su capa de color baja. A pesar de la comparación, el trepat tiene, sin duda, una personalidad propia e inconfundible que lo hace único en el mundo.

Sumoll, garnacha tinta y trepat. Tres variedades históricas, muy nuestras y perfectas para reconectar con la tierra. ¿Y tú, con cuál de ellas brindarás este otoño?