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Seúl vive los últimos meses de una tradición gastronómica que durante siglos ha formado parte del verano coreano. La sopa de carne de perro, conocida como bosintang, todavía se puede encontrar en algunos restaurantes del país, pero tiene los días contados. La ley aprobada en 2024 que prohíbe la cría y el sacrificio de perros para el consumo humano entrará plenamente en vigor en febrero de 2027, después de un periodo de transición de tres años.

En el centro de la capital, el cambio ya es visible. En una de las calles del mercado de Sinjin conocidas por los establecimientos especializados en bosintang, solo quedan dos. Uno de ellos es el restaurante que regenta Lee, una mujer de más de 70 años que lleva más de cuatro décadas dedicada a este negocio. El futuro, explica a EFE, es incierto. Cambiar de actividad después de toda una vida en el sector no es una decisión sencilla, especialmente cuando no sabe si una nueva actividad le permitirá ganarse la vida.

La tradición que desaparece tiene raíces antiguas. El consumo de carne de perro está documentado desde la dinastía Joseon, que gobernó la península entre los siglos XIV y XX. El bosintang se asoció especialmente al boknal, los tres días considerados tradicionalmente los más calurosos del verano, durante los cuales se consumían platos que se creía que ayudaban a recuperar fuerzas.

La nueva legislación pone fin a esta práctica comercial. A partir de 2027, criar o sacrificar perros con fines alimentarios, así como distribuir o vender su carne, quedará prohibido. El sacrificio de un animal para el consumo humano puede comportar hasta tres años de prisión o una multa de hasta 30 millones de wones, unos 18.604 euros.

Un sector en retirada

El gobierno surcoreano identificó 2.352 restaurantes que ofrecían platos elaborados con carne de perro cuando se puso en marcha el proceso de transición en 2024. Según los datos de la Administración de Alimentos y Medicamentos, 1.902 establecimientos comunicaron que querían modificar el negocio o sustituir estos platos, mientras que 450 optaron por cerrar.

Algunos propietarios han recibido apoyo público para reconvertir sus restaurantes. En el caso de Lee, la alternativa pasa por la carne de cabra negra, que permite mantener algunos de los condimentos y técnicas culinarias tradicionales. Pero la restauradora duda que esta opción tenga suficiente demanda, según explica a la misma agencia de noticias.

El cambio también refleja una transformación social. El consumo de carne de perro genera cada vez más rechazo en Corea del Sur, especialmente entre las generaciones más jóvenes, mientras que el movimiento en defensa de los animales ha denunciado durante años las condiciones de las explotaciones.

Las granjas también desaparecen

El número de granjas dedicadas a la cría de perros para el consumo se ha reducido drásticamente. En mayo quedaban 272, un 82% menos que las 1.537 registradas en 2024, según datos del Ministerio de Agricultura surcoreano, que recoge EFE.

Las organizaciones animalistas, sin embargo, alertan de que el cierre de los negocios no ha resuelto automáticamente el problema del bienestar de los animales. Lee Sang-kyung, responsable de campañas de Humane World for Animals Korea, asegura que en las explotaciones que todavía funcionan continúan detectando problemas como enfermedades cutáneas, afecciones oculares, desnutrición y deformaciones en las patas.

Otro de los puntos más controvertidos es el destino de los animales de las granjas que han cerrado. De acuerdo con datos gubernamentales citados por la prensa surcoreana, de cerca de 394.000 perros registrados en explotaciones clausuradas, casi el 97% fueron clasificados como "expedidos", una categoría relacionada con el traslado de los animales a los mataderos.

La desaparición del bosintang, por lo tanto, no es solo el final de un plato tradicional. También abre un debate sobre cómo gestionar la transición de una industria entera y qué pasará con los animales que todavía forman parte de ella. Para los restauradores, queda poco tiempo para decidir si cierran, cambian de menú o intentan mantener un negocio que pronto dejará de tener cabida dentro de la nueva Corea del Sur.