Para la gente de Lleida, Cambrils es sinónimo de playa, verano y vacaciones. Estamos acostumbrados a comer en los restaurantes del paseo marítimo y a ver el pueblo lleno de turistas extranjeros. Pero Cambrils es mucho más que todo eso. Invierno y primavera, aunque no lo parezca, son momentos fantásticos para ir a disfrutar de la gastronomía de Cambrils. Un pueblo lleno de vida, con una escuela de hostelería de primer nivel y un producto excelente que puedes probar en restaurantes como este.

Un restaurante de toda la vida

Cal Siscu lleva más de 20 años abierto. La familia que regenta el local, sin embargo, tiene más de 40 años de experiencia en el sector. Un buen saber hacer que se nota en el servicio, el trato con el cliente y los platos que sirven. Cal Siscu es todo lo que te podrías imaginar de un restaurante con este nombre: un comedor sencillo, con una barra de bar al fondo, clientes de toda la vida y trabajadores comiendo el menú (teniendo en cuenta que es lunes al mediodía). Después de disfrutar del talento de los participantes en el primer Concurso Internacional de la Galera que se celebró hace unos días en Cambrils, buscamos un lugar donde ir a comer; y si puede ser, comer galera. Pero claro, es lunes, y muchos restaurantes cierran. Pero en el concurso, que está lleno de cocineros de la zona, nos recomiendan que probemos en Cal Siscu, que lo hacen bien y tienen abierto.

Menú de mediodía, platos a la carta y arroces, entre los cuales hay uno caldoso de galera

Patatas bravas del restaurante Cal Siscu. / Foto: Oriol Foix Duaigües
Patatas bravas del restaurante Cal Siscu. / Foto: Oriol Foix Duaigües

Carta, menú y alegría

Llegamos a Cal Siscu sin muchas dificultades para aparcar. Entramos, previa llamada para asegurarnos de que tienen sitio (son las dos y media) y nos sientan en un rincón del restaurante. Curioseamos discretamente los platos de otros comensales para averiguar qué conviene pedir y enseguida nos explican la oferta del local. Menú de mediodía, platos a la carta y arroces, entre los cuales hay uno caldoso de galera. Así que no se hable más.

Bacalao con romesco del restaurante Cal Siscu. / Foto: Oriol Foix Duaigües
Bacalao con romesco del restaurante Cal Siscu. / Foto: Oriol Foix Duaigües

La galera es muy buena, pero para disfrutarla uno se lo tiene que trabajar. Pelar galeras no es como pelar gambas

Empezamos con unas patatas Cal Siscu, que vendrían a ser unas patatas bravas a su estilo. Un plato sencillísimo, pero con una salsa cremosa y muy sabrosa. Seguimos con unos dados de bacalao fritos con romesco, uno de los platos insignia de las comarcas de Tarragona (por el romesco, claro). Rematamos los entrantes con unas croquetas de galera, jugosas y sabrosas, que son la antesala del plato fuerte de la comida: el arroz caldoso de galera.

Croquetas de galera del restaurante Cal Siscu. / Foto: Oriol Foix Duaigües
Croquetas de galera del restaurante Cal Siscu. / Foto: Oriol Foix Duaigües

La galera es un producto único. Un marisco muy típico de la zona, pero mucho menos conocido que las gambas, las cigalas o incluso el bogavante. La galera es muy buena, pero para disfrutarla uno se lo tiene que trabajar. Pelar galeras no es como pelar gambas. Las galeras pinchan, tienen mucha cáscara y se tienen que saber comer. Pero lejos de echar atrás si no sabes, hace que disfrutarlas sea aún más divertido. Ahora bien, la galera no es la única protagonista del plato. El arroz, y especialmente el suquet que lo riega todo, son buenísimos. Además, la ración es muy generosa, y si te sobra, te lo pueden poner para llevar.

Piña con crema catalana del restaurante Cal Siscu. / Foto: Oriol Foix Duaigües
Piña con crema catalana del restaurante Cal Siscu. / Foto: Oriol Foix Duaigües

Terminamos la comida con dos postres: piña con crema catalana y contesa. El primero, de la carta; el segundo, del menú. A pesar de no haber hecho menú, hemos estado viendo contesas pasar arriba y abajo en otras mesas, y no podíamos irnos de Cal Siscu sin probar este trocito de nostalgia de un postre que se ve poco a menudo y que el camarero nos permite disfrutar (in extremis, porque nos saca el último trozo que le queda).