La receta de hoy es de esas que hacen fiesta, que hacen domingo. Cocinar con el horno siempre es agradecido. Se produce la magia. Es como si las cosas se cocinaran solas. De cordero al horno ya hemos visto algunas recetas. La variante de hoy incorpora un toque de acidez original que quedará compensado con el toque de dulzor original del moscatel. Vaya, una mezcla de esas bien encontradas.
Como puedes ver, he optado por acompañar la carne de unas patatas hechas a trozos y con piel. Finalmente, una vez cocida la carne, habrá que reducir la salsa hasta que quede bien brillante y con buen cuerpo.
¿Te atreves a cocinar este cordero?
¡Vamos!
- 2 paletillas de cordero cortadas en dos trozos
- 2 limas en rodajas
- 5-6 patatas de tamaño mediano con piel
- 1 cebolla tierna cortada en juliana
- 1 cabeza de ajos
- 1 vaso de moscatel
- 1 vaso de vino blanco
- 1 vaso de agua
- Un trozo de mantequilla
- 2 cucharadas de azúcar
- Sal
Para pintar la carne:
- 100 g de manteca de cerdo
- El zumo de media lima
- 1 cucharada de romero
- 1 cucharada de tomillo
- Pimienta negra
- Sal
Prepara el cordero.
Limpia las patatas, con piel.
Corta las patatas en trozos.
Pon las patatas en una bandeja de horno. Echa por encima la cebolla cortada y los ajos cortados por la mitad también. Echa por encima un poco de aceite, sal y pimienta.
Limpia y sala la lima.
Y ponla por encima de las patatas.
En un bol, pon la manteca de cerdo y deshazla en el microondas hasta que te quede líquida. Incorpora las especias, la sal, el azúcar y el zumo de lima.
Mézclalo bien.
Con esta preparación, pinta el cordero por todas partes.
Coloca una bandeja de rejilla encima de la bandeja con patatas y encima la carne.
Añade el moscatel.
El vino blanco.
Y el agua.
Pon el cordero a cocer a unos 190-200 grados durante 1 hora.
Pasado este tiempo, dale la vuelta y rocía la carne con el jugo. Déjalo una hora más.
Pasado este tiempo, pasa todo el jugo de la bandeja a un cazo pequeño. Añade la mantequilla y déjalo reducir a fuego bajo.
Mientras tanto, pasa el cordero a la misma bandeja de las patatas (ahora sin jugo) y deja que coja buen color.
Remueve la salsa de vez en cuando, poco a poco irá cogiendo cuerpo y color. No tengas prisa.
Cuando haya reducido a la mitad (como mínimo), tenga buena textura, buen color y corregida de sal, ya la podrás reservar fuera del fuego.
Deja que el cordero coja buen color por todas partes.
Finalmente, ya lo podrás servir. Unas cuantas patatas, el cordero...
Y claro, salsa por encima.
Decora un poco el plato y, si quieres, unas escamas de sal por encima siempre van bien.
¡Buen provecho!
