El mes de mayo en Catalunya tiene un sabor muy concreto que solo se puede entender desde la tradición y el producto de temporada y de absoluta proximidad. Y es que, con la llegada de la primavera, los bosques empiezan a ofrecer ingredientes únicos que marcan la cocina local catalana. Entre todos ellos, hay un plato que destaca por encima del resto. Hablamos del fricandó con senderuelas o múrgulas, una receta que se ha convertido en un auténtico símbolo gastronómico del territorio catalán, gracias a un gusto que no puede ser más característico. No es solo un guiso, es una manera de entender la cocina lenta, precisa y conectada con el calendario natural. Durante mayo, este plato vive su momento álgido.
En un momento marcado por la globalización de las comidas, degustar un plato tradicional como el fricandó es fundamental
El secreto está en el producto de temporada
La clave del fricandó no se encuentra en técnicas complicadas, sino en la calidad de sus ingredientes. Las senderuelas y las múrgulas son protagonistas absolutos, ya que es en este momento del año cuando se pueden encontrar frescos en los bosques catalanes. Su aroma intenso transforma completamente el plato.

De esta manera, el guiso adquiere una profundidad de sabor muy difícil de conseguir con otras setas fuera de temporada. Y es que esta estacionalidad es precisamente lo que lo convierte en una delicadeza tan apreciada. Sin estas setas frescas, el fricandó pierde gran parte de su esencia. La carne también juega un papel fundamental. Se utiliza ternera cortada muy fina, habitualmente de piezas como la falda o la cadera, que se trabaja con cuidado para conseguir una textura tierna. Se pasa ligeramente por harina, se dora y luego se cocina a fuego lento para que absorba todos los sabores.
La picada, el elemento que define la cocina catalana
Hay un elemento que diferencia este plato de muchos otros guisos: la picada. Esta mezcla de ajo, perejil y almendras es uno de los grandes sellos de la cocina catalana. En el caso del fricandó, se añade al final de la cocción para dar cuerpo a la salsa. La realidad es que la picada no solo espesa, sino que aporta una complejidad que eleva el plato. En algunas versiones, se añade también carquiñol, que da un toque ligeramente dulce y una textura más rica. Es este detalle el que convierte un buen fricandó en un plato excelente.
Este tipo de preparación refleja una forma de cocinar basada en el equilibrio y el respeto por el producto. No se trata de hacer elaboraciones excesivas, sino de potenciar aquello que ya es bueno por naturaleza. Así pues, el fricandó con moixernons no es solo un plato de temporada, es una expresión cultural. Representa el vínculo entre territorio, producto y tradición, y recuerda que la mejor cocina es aquella que sabe escuchar el ritmo de la naturaleza. Durante mayo, en Catalunya, este guiso es mucho más que comida: ¡es identidad!