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Un filete que se pega, un lomo que se rompe cuando lo giramos o unas rodajas que llegan secas al plato: cocinar pescado puede parecer sencillo, pero algunos gestos condicionan el resultado. La preparación de la pieza, la humedad exterior y la manera de moverla durante la cocción son detalles que conviene revisar. Estos seis errores habituales ayudan a entender qué puede estar fallando y cómo conseguir que el pescado mantenga una textura agradable sin complicar la receta ni añadir ingredientes innecesarios.

Un buen plato de pescado no es tan fácil de preparar

Tres errores antes de poner el pescado al fuego

El primero es cocinarlo sin prepararlo correctamente. Según la especie y la elaboración, habrá que retirar las vísceras, las branquias, las espinas u otras partes. Pedir en la pescadería que nos lo dejen a punto facilita el trabajo y permite adaptar el corte a la receta. No necesita la misma preparación un pescado entero para el horno que unos filetes para hacer a la plancha. Revisarlo antes evita tener que improvisar con la sartén caliente.

Pescado. Pexels

El segundo error es ponerlo al fuego con la superficie muy húmeda. Si conserva líquido del envase o de la descongelación, conviene secarlo con papel de cocina. Esta agua exterior dificulta que se dore y puede favorecer que se cueza entre sus jugos. Hay que hacerlo con suavidad, especialmente con los filetes delicados, sin presionarlos ni intentar extraer la humedad del interior. Después, ya podemos condimentarlos y empezar la cocción.

El tercero es dejar las escamas cuando queremos cocinar y comer la piel. Pueden resultar desagradables en la boca y dificultan obtener una superficie limpia y uniforme. Si preparamos una pieza con piel en la sartén, vale la pena comprobar que esté bien desescamada. En la pescadería nos pueden orientar según la elaboración prevista, porque algunas técnicas con pescados enteros requieren una preparación diferente y no conviene aplicar la misma regla a todo.

Piel, temperatura y movimiento: los otros tres puntos clave

El cuarto error es retirar la piel automáticamente. En determinadas piezas, conservarla ayuda a mantener el corte unido y facilita manipularlo. Esto no significa que un filete sin piel se tenga que deshacer obligatoriamente, pero sí que necesitará más cuidado. Si no nos gusta comerla, podemos cocinar el pescado con piel y separarla en el plato. Cuando la receta lo permita, empezar por este lado también ayuda a conseguir una textura crujiente.

El quinto es utilizar una sartén poco caliente o compensarlo después con demasiado tiempo de cocción. La superficie debe estar preparada antes de añadir el pescado, con una temperatura adecuada al recipiente y al grosor de la pieza. Dorarlo no sella los jugos: lo que evita que se seque es controlar la cocción. Tampoco conviene moverlo constantemente. Dejar que la base se haga antes de girarlo reduce el riesgo de romperlo.

El sexto aparece en los guisos: remover con la cuchara entre las piezas. A medida que se cuecen, se vuelven más delicadas y se pueden desmenuzar. Es preferible sacudir suavemente la cazuela con las asas para que la salsa se reparta. Así conservaremos mejor la forma del pescado hasta el momento de servirlo.