Cuando llega el calor, el gazpacho es una de las recetas más recurrentes, pero no es la única manera de preparar una crema fría refrescante. La combinación de zanahoria y naranja da como resultado una crema ligera, aromática y con un punto cítrico que funciona muy bien como entrante o cena suave. La gracia es que necesita pocos ingredientes, se puede dejar preparada con antelación y consigue una textura muy cremosa sin tener que añadir nata. Además, el contraste entre el dulzor natural de la zanahoria y la acidez de la naranja hace que sea una alternativa completamente diferente del gazpacho tradicional.
La zanahoria es uno de los ingredientes inesperados para hacer un buen gazpacho
Cuece bien la zanahoria antes de triturar
Para prepararla, empieza pelando unas cuatro o cinco zanahorias medianas y córtalas en rodajas para que se cuezan más deprisa. Ponlas en una olla con agua y un poco de sal y déjalas hervir hasta que queden bien tiernas. También las puedes cocinar al vapor, una opción interesante si quieres controlar mejor la cantidad de líquido que tendrá después la crema.
Cuando estén cocidas, déjalas templar unos minutos y ponlas en el vaso de la batidora. Añade el zumo de una o dos naranjas, según la intensidad cítrica que quieras conseguir, y un buen chorro de aceite de oliva virgen extra. Tritúralo todo hasta que quede completamente fino.
Si la mezcla resulta demasiado espesa, añade un poco del agua de cocción de la zanahoria o simplemente agua fría. Hazlo poco a poco, porque es mucho más fácil aclarar la crema que volverle a dar cuerpo si le pones demasiado líquido. La textura ideal es suave, pero lo suficientemente consistente para que no parezca un zumo. También conviene probarla antes de enfriarla. Las naranjas pueden variar mucho de acidez y dulzor, de manera que quizás necesitarás un poco más de sal, unas gotas de limón o incluso un poco más de naranja.
Jengibre, especias y un buen reposo en la nevera
A partir de aquí, puedes personalizarla. Un poco de jengibre fresco rallado le aporta un toque picante y muy aromático. También le funciona bien una punta de comino, pimienta negra recién molida o unas hojas de cilantro. La clave es no cargarla demasiado de especias, porque el protagonismo debe seguir siendo de la zanahoria y la naranja. Una vez triturada, guárdala en la nevera al menos una hora. Servida bien fría es cuando resulta más refrescante y cuando los sabores quedan más integrados.
Justo antes de llevarla a la mesa, puedes acabarla con un hilo de aceite de oliva, unas semillas tostadas, frutos secos picados o unas hojas de hierbas frescas. Si quieres darle más contraste, también puedes ponerle una cucharada de yogur natural.
El resultado es una crema fácil, fresca y diferente, con un dulzor suave y un final cítrico muy agradable. Una manera sencilla de salir del tomate de siempre y convertir dos cosas tan básicas como una zanahoria y una naranja en un plato mucho más interesante.
