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Tomàs Molina tiene clarísimo cómo quiere pasar sus vacaciones de verano y no necesita descubrir un destino nuevo cada año. Desde hace tres décadas, el meteorólogo y su mujer regresan al mismo apartamento de Menorca, donde pasan unos 15 días repitiendo prácticamente las mismas rutinas. “No me gustan las sorpresas ni las necesito, me gustan las cosas normales. No necesito descubrir nada”, ha explicado sobre una manera de viajar basada en la estabilidad y en saber exactamente qué encontrará al llegar.

Esa filosofía también define buena parte de su personalidad. Molina se considera una persona planificadora y reconoce que tanto él como su mujer disfrutan de unas vacaciones predecibles. Sus días en la isla son sencillos: se baña en la piscina o en la playa situada delante del apartamento, charla un rato con algunas mujeres mayores que coinciden con él flotando en el agua y después regresa a casa. Nada de grandes rutas ni agendas cargadas de planes.

Treinta años regresando al mismo apartamento de Menorca

Para Molina, repetir no significa aburrirse, sino precisamente todo lo contrario: sentirse cómodo. “Soy una persona muy estable”, ha explicado en alguna ocasión, llegando incluso a definirse con humor como “aburrido pero práctico”. Esa forma de entender la vida encuentra en Menorca el escenario perfecto, porque no necesita improvisar para sentir que está realmente de vacaciones.

Tomàs Molina Instagram (4)

La rutina le permite desconectar sin tener que tomar decisiones constantemente. Conoce el entorno, sabe dónde bañarse y mantiene pequeñas costumbres que ya forman parte de su verano. Después de tantos años, ese apartamento ha dejado de ser simplemente un alojamiento para convertirse prácticamente en una segunda casa durante el mes de agosto.

Una noche de estrellas que reúne a toda la familia

Entre todas esas costumbres existe una especialmente importante: contemplar la lluvia de estrellas de las Perseidas, conocida popularmente como las lágrimas de San Lorenzo. Cada año, alrededor del 12 de agosto, Molina comparte la noche con sus hijos, amigos y los hijos de sus amigos. Para el meteorólogo, que sus hijos continúen participando aunque ya se acerquen a la treintena convierte esa tradición en algo todavía más valioso.

Ahora incluso puede incorporarse una nueva generación. Molina ha explicado emocionado que será abuelo y ya imagina la posibilidad de que el próximo verano haya alguien más contemplando las estrellas. Después de treinta años repitiendo destino, su refugio menorquín demuestra que unas vacaciones memorables no siempre necesitan novedades: algunas veces basta con volver exactamente al mismo lugar.