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La siesta forma parte de la rutina de muchas personas jubiladas, pero descansar durante demasiado tiempo a mitad del día puede terminar perjudicando el sueño nocturno. Los especialistas en descanso recomiendan revisar esta costumbre cuando aparecen dificultades para dormirse por la noche, despertares frecuentes o sensación de sueño poco reparador. La alternativa no pasa necesariamente por eliminarla, sino por hacerla más corta y sustituir parte de ese descanso por actividad ligera durante el día.

Dormir una siesta larga reduce la presión de sueño acumulada desde la mañana. Eso significa que, cuando llega la noche, el organismo puede tener menos necesidad de dormir y tardar más en conciliar el sueño. En personas mayores, cuyo patrón de descanso ya puede ser más fragmentado, este efecto puede resultar especialmente evidente si la siesta supera habitualmente una hora.

Una siesta corta funciona mejor que dormir toda la tarde

Cuando existe cansancio después de comer, una pausa de unos 20 o 30 minutos suele ser suficiente para recuperar energía sin entrar en fases profundas del sueño. Si se duerme mucho más, es más probable despertarse con sensación de pesadez y alterar después el horario nocturno.

Imagen de unos jubilados en un centro de Sant Pere de Ribes (Garraf) | ACN

También importa la hora. Dormir a última hora de la tarde puede acercar demasiado ese descanso al momento de acostarse. Por eso, si se mantiene la siesta, conviene hacerla después de comer y evitar alargarla. La regularidad ayuda además a que el cuerpo mantenga un ritmo estable.

Caminar después de comer puede ser una alternativa

Una costumbre interesante para algunos jubilados es cambiar parte de la siesta por un paseo tranquilo después de comer. Caminar unos minutos permite combatir la somnolencia, mantenerse activo y acumular suficiente necesidad de descanso para la noche. No hace falta realizar ejercicio intenso; simplemente evitar permanecer varias horas tumbado o sentado. La exposición a la luz natural durante el día también ayuda a regular los ritmos de sueño y vigilia. Salir a caminar por la mañana o durante las primeras horas de la tarde puede contribuir a que el organismo diferencie mejor los momentos de actividad y descanso.

Eso no significa que la siesta sea perjudicial para todo el mundo. Si es breve y no interfiere con el descanso nocturno, puede mantenerse perfectamente. El problema aparece cuando se convierte en varias horas de sueño cada tarde y después cuesta descansar por la noche. En esos casos, reducirla y añadir algo de movimiento diario puede ser una estrategia más útil que intentar compensar el cansancio durmiendo todavía más durante el día.