Adentrarse en la naturaleza cantábrica es una experiencia que deleita los sentidos y revitaliza el espíritu. El camino Fluvial del Nansa, situado en la región de Val de San Vicente, en Cantabria, es un tesoro natural que invita en toda a la familia a sumergirse en un paisaje de ensueño.

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Ruta del camino Fluvial de Nansa

Con una extensión de casi 7 kilómetros, esta ruta serpentea en harmonía con el río Nansa, acompañando su curso desde la localidad de Muñorrodero hasta Camijanes, y más recientemente extendiéndose hasta Cades. Este último tramo ofrece a los senderistas la oportunidad de alargar su caminata 7 kilómetros más, que si te animas te aseguro que no te arrepentirás.

El río Nansa, cuyas aguas fluyen desde la Sierra de Peña Labra hasta desembocar en el impresionante estuario de la Ría de Tina Menor, es el alma de esta ruta. Su caudal alberga una rica biodiversidad, incluyendo la presencia de salmones, que dan vida y movimiento a estas aguas cristalinas.

A lo largo del camino, se encuentran detalles fascinantes que enriquecen la experiencia del caminante. Desde fresnos y sauces que balancean sus ramas al ritmo del viento, hasta hayas y encinas que ofrecen sombra y abrigaño. El sonido relajante del río, acompañado por el canto de los pájaros, te hará disfrutar de una atmósfera de paz y conexión con la naturaleza.

Uno de los encantos particulares de esta ruta son los numerosos saltos de agua y pozos que salpican su recorrido. Estos rincones de agua cristalina invitan los más aventureros a refrescarse y a disfrutar de un baño revitalizante, siempre bajo su propia responsabilidad.

Además de su indiscutible valor natural, la Senda Fluvial del Nansa guarda también un importante patrimonio cultural. Formando parte de una de las etapas del Camino Lebaniego, una ruta de peregrinación de gran relevancia histórica y espiritual que acaba en el Monasterio de Sant Toribio de Liébana, lugar donde el Beato de Liébana escribió su famoso libro Commentarium in Apocalypsin (Comentario al Apocalipsis).

Durante el recorrido, se puede observar la presencia de pescadores que encuentran en las aguas del Nansa un sitio ideal para la práctica de la pesca deportiva. Señalizados cotos de pesca y pasarelas de madera ofrecen acceso a estos aficionados, añadiendo un toque de dinamismo a la serenidad del entorno.

Para aquellos que deseen hacer de esta excursión una experiencia más completa, la ruta ofrece la posibilidad de realizar una parada en el camino a la Central Hidroeléctrica de Trascudia. Este punto de encuentro con la ingeniería humana se presenta como el lugar perfecto para un pícnic en familia, o simplemente para disfrutar de un merecido descanso antes de emprender el retorno.

En definitiva, si vas o estás por Cantabria y además te gusta disfrutar la naturaleza, la Senda Fluvial del Nansa es una excursión imprescindible. Su belleza incomparable, su rica biodiversidad y su valor cultural la convierten en un tesoro que merece estar descubierto y disfrutado por todos aquellos que buscan una escapada única y enriquecedora.