Raül Balam ha hablado con enorme crudeza sobre su relación con el alcohol y sobre cómo empezó todo. El cocinero ha explicado que llevaba tiempo pensando en contar su historia por escrito y que, cuando finalmente lo hizo, quiso empezar desde un lugar muy directo: su propia familia. “Mis padres fueron mis primeros camellos”, asegura en las primeras páginas del libro, una frase impactante con la que pretende señalar hasta qué punto el consumo de alcohol puede estar normalizado desde edades tempranas.
Balam matiza que no culpa a sus padres de lo que ocurrió después. Con ellos probó el alcohol por primera vez, como sucede en muchas familias, pero su caso evolucionó de una manera completamente distinta. “Con ellos probé el alcohol, que es una de las drogas más peligrosas que hay, aunque en nuestro país esté muy normalizado el consumo”, explica. El problema, insiste, no estaba únicamente en beber, sino en la relación que él desarrolló con esa sustancia.
“El problema es que yo era un adicto”
Sus padres llegaron a advertirle de que bebía demasiado rápido y de que debía aprender a hacerlo de otra manera. Desde fuera, la solución parecía estar en moderar el consumo, espaciar las copas o controlar mejor la cantidad. Pero Balam reconoce ahora que esa lógica no servía en su caso.
“Ellos siempre me decían que bebía muy rápido, que tenía que aprender a hacerlo de otra manera. El problema es que yo era un adicto, un enfermo, y eso lo cambiaba todo”, recuerda. Para él, no existía una forma sencilla de reconducir la situación mediante autocontrol porque había una adicción detrás.
Una crítica a la normalización del alcohol
La reflexión de Balam va más allá de su historia personal. También cuestiona la facilidad con la que el alcohol forma parte de celebraciones, comidas familiares y reuniones sociales sin que muchas veces se perciba como una droga. Su testimonio no convierte a todas las personas que beben en adictas, pero sí pone el foco en algo importante: no todas desarrollan la misma relación con el consumo. Lo que para unos puede quedarse en algo ocasional, para otros puede convertirse en un problema grave.
Balam ha decidido explicar esa diferencia desde su propia experiencia. La frase sobre sus padres es provocadora, pero detrás hay una idea muy concreta: el alcohol puede entrar en una vida de una forma completamente normalizada y, en determinados casos, acabar ocupando un espacio mucho más peligroso de lo que nadie imaginaba.
