Rafael Ruiz cambió Mallorca por Tailandia después de jubilarse y asegura que la diferencia económica transformó su día a día. En España vivía pendiente de cuándo llegaría la siguiente pensión; en Prachuap Khiri Khan, una ciudad costera del sur del país, afirma que puede cubrir vivienda, suministros, comida y ocio con una cantidad mucho menor de la que necesitaba antes.
Su ejemplo llama la atención por las cifras. Paga alrededor de 100 euros mensuales por el alquiler de su casa y unos 20 o 25 euros por agua y electricidad incluso utilizando aire acondicionado. Comer fuera también resulta mucho más asequible: un plato local puede costar apenas unos euros y una comida completa en un restaurante bueno puede mantenerse cerca de los ocho euros.
Una pensión que allí tiene mucho más recorrido
La clave no está en que Rafael cobre una pensión extraordinaria, sino en el poder adquisitivo que consigue al trasladarse. En Mallorca explicaba que llegaba al día 25 prácticamente sin dinero. En Tailandia, en cambio, sus gastos fijos son mucho menores y todavía conserva margen para ahorrar, viajar, salir a comer o afrontar imprevistos sin vivir pendiente de cada euro.
El alquiler representa la diferencia más visible. Mientras encontrar vivienda asequible en Mallorca puede convertirse en el principal problema de cualquier jubilado con ingresos modestos, Rafael vive por unos 100 euros mensuales. A eso suma suministros bajos y restauración económica. Esa combinación permite que una pensión española ajustada proporcione allí un nivel de vida que en España le resultaba imposible.
No todo se reduce a pagar menos
Mudarse a Tailandia también implica gastos y riesgos que no aparecen en una comparación rápida. Los extranjeros deben cumplir requisitos migratorios, disponer de cobertura sanitaria adecuada y asumir que la atención médica privada puede resultar costosa. También existen billetes de avión, seguros, trámites y una distancia enorme respecto a familiares y amigos que puede pesar con los años.
Rafael, sin embargo, asegura que el balance le compensa. Puede pagar 100 euros por su vivienda, alrededor de 25 por los suministros y salir a comer sin convertir cada restaurante en un lujo. Su caso no significa que cualquier jubilado vaya a encontrar exactamente esos precios, porque Bangkok, Phuket o las zonas turísticas pueden ser mucho más caras. Pero sí muestra hasta qué punto cambiar de lugar puede transformar el valor real de una pensión. Para él, jubilarse dejó de significar recortar constantemente y pasó a ser una etapa con más libertad, margen económico y capacidad para disfrutar.
