En pleno auge de las tecnologías digitales, con móviles, tablets y pantallas ocupando cada vez más espacios en el día a día, surge un debate urgente: ¿es adecuado que los niños pequeños usen dispositivos inteligentes? Nayara Ortega, psicóloga infantil, responde con una afirmación tajante: “Un niño de dos a cuatro años necesita lo contrario a una tablet. Su advertencia no es una crítica a la tecnología per se, sino una llamada de atención sobre las necesidades reales del desarrollo infantil en esas edades tempranas. Ortega explica que, para un niño pequeño, la estimulación debe venir del mundo real —del movimiento, del contacto, de la interacción humana— y no de una pantalla que, aunque aparentemente educativa, ofrece un tipo de estímulo muy distinto al que su cerebro está preparado para procesar.

El impacto de las tecnologías en el desarrollo infantil

Las tablets, smartphones y demás dispositivos inteligentes se han convertido en herramientas omnipresentes en hogares de todo el mundo. Muchos padres recurren a estos aparatos como forma de entretener, calmar o “enmendar” momentos difíciles con sus hijos pequeños. Aunque esta práctica puede ser comprensible en la vida cotidiana, la evidencia científica y la observación clínica sugieren que el uso temprano de pantallas puede interferir con el desarrollo saludable del cerebro infantil.

Un boom tecnológico así ha traído beneficios incuestionables para la sociedad: acceso a información, herramientas educativas, comunicación instantánea y apoyo para personas con diversas necesidades. Sin embargo, en edades tempranas —especialmente entre los dos y cuatro años—, el cerebro está en plena etapa de formación de conexiones neurales básicas. Es una fase en la que los niños deben explorar, tocar, moverse y socializar activamente. El estímulo sensorial y motor que proporciona una tablet no se compara a la riqueza del juego físico, la interacción humana y la experiencia directa del entorno.

Según Nayara Ortega, los principales riesgos de exponer a los más pequeños a tablets incluyen:

Retrasos en el lenguaje y la comunicación: Las pantallas no pueden sustituir el diálogo vivo con padres o cuidadores.

Dificultades de atención y concentración: El ritmo rápido de las aplicaciones y vídeos puede condicionar la forma en que el niño presta atención.

Reducción del juego simbólico y creativo: Los niños aprenden a través del juego libre, que implican imaginación y resolución de pequeños desafíos reales.

Interferencias en el desarrollo social: La tecnología puede restar tiempo de interacción con otros niños o adultos, algo crítico para la empatía y habilidades socioemocionales.

Ortega enfatiza que todo aprendizaje de calidad en esos años tiene lugar en experiencias reales: el niño que lanza una pelota, que entra en contacto con texturas diversas o que escucha y responde a una voz humana está entrenando su cerebro de formas que ninguna pantalla puede replicar.

Qué necesitan realmente los niños entre dos y cuatro años

En lugar de tablets, lo que un niño de dos a cuatro años necesita incluye:

Juego físico y libre: Correr, saltar, manipular objetos y experimentar con su propio cuerpo.

Lenguaje vivo: Conversaciones, preguntas y respuestas que enriquezcan su vocabulario.

Tiempo de calidad con adultos y otros niños: Facilitando habilidades sociales, empatía y regulación emocional.

Estimulación sensorial natural: Agua, tierra, arena, texturas diversas y ambientes variados.

Niños jugando patio escuela Europa Press

Nayara Ortega no propone una prohibición absoluta de la tecnología, sino un uso adecuado y muy limitado, según la edad y siempre acompañado por un adulto que contextualice, modere y enriquezca la experiencia. Para el tramo de dos a cuatro años, la recomendación es clara: priorizar lo real sobre lo digital, porque el cerebro del niño, en esa etapa crítica, se construye mejor en movimiento, relación y exploración que frente a una pantalla.

En conclusión, la psicóloga recuerda que la tecnología puede ser una herramienta útil más adelante, pero el desarrollo infantil temprano exige experiencias humanas, enriquecedoras y activas que las tablets simplemente no pueden ofrecer.