Cargando...

Marc-André Ter Stegen ha hablado de una de las heridas más profundas de su infancia. Cuando tenía diez años, su padre abandonó a la familia y desapareció de su vida. El portero reconoce que es uno de los asuntos que más le cuesta abordar, porque aprendió a crecer sin esperar un regreso que nunca llegó.

“No lo volví a ver nunca más”, ha explicado. A los 25 años, cuando ya defendía la portería del Barça, recibió la noticia de que su padre había muerto. La reacción fue compleja: sintió tristeza por lo ocurrido, pero también reconoció que no experimentó una sensación de vacío comparable a la que podría provocar perder a alguien presente.

Su madre y su abuelo ocuparon ese espacio

La explicación está en las personas que sí permanecieron. Su madre asumió un papel esencial y su abuelo se convirtió en una figura constante durante aquellos años. Fueron ellos quienes organizaron la vida familiar, lo acompañaron al colegio, estuvieron pendientes de sus entrenamientos y sostuvieron una rutina que permitió a Marc-André continuar creciendo mientras desarrollaba su pasión por el fútbol.

Marc André ter Stegen Barça

Ter Stegen no utiliza aquella ausencia para presentarse como una víctima. Al contrario, cuando recuerda su infancia pone el foco en quienes ocuparon los espacios que quedaron vacíos. El abandono de su padre existió y dejó preguntas difíciles, pero su madre y su abuelo consiguieron construir alrededor del niño una estructura sólida que evitó que creciera sintiéndose solo.

Ser padre cambió su forma de mirar aquella ausencia

Con los años, aquella experiencia influyó en la forma en que entiende la paternidad. Ter Stegen ha reconocido que uno de sus mayores deseos es ver crecer a sus hijos y estar presente en su vida. Haber vivido la ausencia de una figura paterna parece haber reforzado el valor que concede ahora a acompañar, escuchar y compartir tiempo.

Su relato no busca reconciliarse con un pasado que ya no puede cambiar. Cuando supo que su padre había fallecido, tampoco existía la posibilidad de recuperar aquella relación interrumpida quince años antes. Lo que sí podía hacer era reconocer quiénes habían construido su infancia. Por eso, cuando habla de familia, el agradecimiento termina dirigido a su madre y a su abuelo. Ellos estuvieron cuando había que levantarse temprano, llevarlo a entrenar, ayudarlo a crecer y sostener una carrera que era solamente un sueño. La ausencia de su padre marcó su historia, pero la presencia diaria de quienes se quedaron terminó teniendo mucho más peso en la persona que llegó a ser.