Manuel, jubilado, asegura que paga 800 euros al mes por su plaza en una residencia y que, aun así, la comida que recibe “no tiene ni sabor ni olor”. Explica que la calidad de los menús diarios no se corresponde con el precio que abona, una cantidad que supone más de la mitad de su pensión. Según denuncia, la alimentación que recibe no le permite disfrutar de las comidas y considera que la cocina del centro “no sirve de nada” si el resultado final es un plato sin gusto ni aroma.
El caso de Manuel refleja una preocupación creciente entre residentes y familiares por la calidad de la comida en las residencias y la falta de control sobre los menús que se sirven a personas mayores. Aunque el precio mensual incluye alojamiento, atención y servicios básicos, muchos usuarios consideran que la alimentación debería tener un nivel mínimo de calidad, especialmente cuando se trata de personas que dependen del centro para todas sus comidas.
La queja de Manuel se centra en la relación entre el coste y el servicio recibido
Pagar 800 euros al mes implica asumir un gasto significativo para cualquier jubilado, y más aún cuando la pensión es limitada. En su caso, asegura que la residencia no le compensa, sobre todo por la comida, que es uno de los aspectos esenciales del día a día. Afirma que los platos carecen de sabor, no tienen olor agradable y no invitan a comer, lo que afecta directamente a su bienestar.
La comida es un elemento fundamental en la salud de las personas mayores. Una dieta equilibrada, variada y bien elaborada contribuye al mantenimiento del peso, la energía y el estado de ánimo. Por ello, los centros residenciales están obligados a ofrecer menús adecuados y supervisados por profesionales. Sin embargo, las quejas como la de Manuel ponen de manifiesto que, en algunos casos, la calidad no se ajusta a lo esperado.
La importancia de la alimentación en residencias
Además, la alimentación es uno de los pocos momentos del día que los residentes pueden disfrutar como rutina placentera. Cuando la comida no es satisfactoria, la experiencia diaria se deteriora y aumenta la sensación de descontento.
Así pues, la denuncia de Manuel evidencia la necesidad de revisar la calidad de los menús en residencias, especialmente cuando los precios son elevados y representan un esfuerzo económico considerable para los jubilados. Su testimonio refleja una realidad que afecta a muchos mayores que dependen de estos centros y esperan recibir un servicio acorde al coste que pagan.
