Un caso laboral ha llamado la atención tras la decisión de un tribunal que declaró improcedente el despido de un trabajador que acumuló 175 retrasos en su puesto de trabajo. Aunque a primera vista pueda parecer una causa clara para perder el empleo, la justicia consideró que la empresa no actuó correctamente antes de tomar la decisión de despedirlo.

La resolución fue dictada por el Tribunal Superior de Justicia de Asturias, que analizó la forma en la que la empresa gestionó los retrasos reiterados del trabajador y concluyó que no se habían seguido los pasos disciplinarios adecuados para justificar el despido.

El problema no fue llegar tarde, sino cómo actuó la empresa

La sentencia deja claro que llegar tarde de forma reiterada puede constituir una causa de despido disciplinario. Sin embargo, para que esa medida sea válida, la empresa debe aplicar previamente un sistema progresivo de advertencias y sanciones. En el caso analizado, el trabajador había acumulado más de 170 retrasos en un periodo de varios meses. Aun así, la empresa no emitió advertencias formales, no aplicó sanciones previas ni dejó constancia disciplinaria de la conducta.

despido silencioso
despido silencioso

El tribunal consideró que esta falta de actuación previa supone, en la práctica, una tolerancia hacia ese comportamiento. Es decir, si la empresa permite durante meses los retrasos sin tomar medidas, no puede aplicar directamente la sanción más grave de todas como lo es el despido. Según la legislación laboral española, antes de llegar a esa medida extrema deben aplicarse mecanismos como avisos por escrito, sanciones leves o suspensiones de empleo y sueldo.

La consecuencia es un despido improcedente

Al no haberse seguido ese procedimiento disciplinario progresivo, el tribunal concluyó que el despido no estaba suficientemente justificado desde el punto de vista legal. Por ese motivo se declaró improcedente, lo que abre dos posibles escenarios para el trabajador como ser readmitido en su puesto o recibir una indemnización económica. En muchos casos similares, las empresas optan por pagar la indemnización en lugar de reincorporar al empleado. En algunos procedimientos de este tipo, las cantidades pueden alcanzar cifras importantes dependiendo de la antigüedad del trabajador.

La sentencia subraya un aspecto clave del derecho laboral, porque no basta con que exista una conducta incorrecta para justificar un despido. La empresa también debe demostrar que ha aplicado correctamente el régimen disciplinario y que ha advertido al trabajador antes de adoptar la decisión más grave. Así pues, el tribunal no cuestionó que los retrasos fueran un problema, pero sí consideró que la empresa actuó de forma incorrecta al tolerarlos durante meses y despedir al trabajador sin advertencias previas.