Las zapatillas pueden parecer todavía utilizables después de varios años, pero hay un detalle que conviene revisar con atención: el desgaste de la suela. Con el tiempo, el dibujo pierde profundidad, algunas zonas quedan completamente lisas y el apoyo puede deformarse sin que la persona lo note a simple vista. En jubilados y personas mayores, esto importa especialmente porque una pérdida de adherencia o estabilidad puede aumentar el riesgo de resbalones y tropiezos, sobre todo en suelos pulidos o húmedos.
No hace falta esperar a que el calzado esté roto para cambiarlo. Una zapatilla puede conservar bien la parte superior y, sin embargo, haber perdido gran parte de su capacidad de agarre. El desgaste suele concentrarse en el talón, la parte delantera o uno de los laterales, dependiendo de cómo apoye cada persona al caminar. Por eso conviene mirar la suela desde abajo y compararla entre ambos pies.
Una suela lisa puede cambiar mucho la seguridad al caminar
El dibujo de la suela sirve para mejorar la fricción con el suelo. Cuando desaparece casi por completo, la zapatilla puede deslizarse con mayor facilidad en determinadas superficies. El problema se vuelve más evidente en el baño, la cocina, portales recién fregados o aceras mojadas, donde una pequeña pérdida de adherencia puede ser suficiente para provocar un susto.
También conviene observar si la suela está desgastada de manera desigual. Si un lado está mucho más aplastado que el otro, el pie puede quedar ligeramente inclinado y modificar la estabilidad. Esto no significa necesariamente que exista un problema médico, pero sí que el calzado ha dejado de ofrecer el apoyo uniforme que tenía al principio.
El talón también debe permanecer firme
Además de mirar el dibujo, hay que comprobar que la zapatilla sujete correctamente el talón y no se haya ensanchado demasiado con los años. Un calzado que baila al caminar obliga al pie a realizar correcciones constantes y puede resultar menos estable.
Para personas con problemas de equilibrio, movilidad reducida o antecedentes de caídas, elegir un calzado bien ajustado, cerrado y con una suela que tenga buen agarre puede ser especialmente importante. Tampoco existe una fecha exacta para sustituir unas zapatillas: depende del uso, del material y del desgaste. Por eso, más que contar cuántos años tienen, conviene darles la vuelta de vez en cuando. Si el dibujo prácticamente ha desaparecido, la suela está deformada o el talón ya no queda sujeto, quizá haya llegado el momento de cambiarlas. Un detalle que parece pequeño puede marcar una diferencia importante al caminar con seguridad.
