La llamada llegó mientras la familia Mourinho celebraba la Navidad. José tenía nueve años. Su padre, Félix, contestó al teléfono y recibió una noticia brutal: el club acababa de despedirlo como entrenador. La comida terminó inmediatamente. Nadie quiso seguir comiendo y los regalos permanecieron cerrados. Décadas después, José Mourinho recordó con precisión el silencio que ocupó la casa en varias entrevistas.
Para el niño no fue una decepción navideña. También descubrió la crueldad de una profesión capaz de invadir el espacio sin respetar fechas. Sin embargo, aquel golpe no lo alejó de los banquillos. Provocó el efecto contrario. Mourinho decidió que sería entrenador y que trabajaría hasta conseguir que el apellido de su padre fuera conocido mundialmente.
Félix Mourinho había defendido la portería del Os Belenenses antes de iniciar su trayectoria como técnico. Falleció en 2017, a los 79 años, pero continúa siendo la referencia de su hijo. José asegura que su forma de comprender el fútbol procede en medida de él. Incluso mantiene detalles de su manera de vestir y encarga ropa inspirada en su estilo.
Un recogepelotas que ya daba instrucciones
Ser hijo de entrenador permitió al joven Mourinho observar espacios cerrados para otros niños. Entraba en vestuarios, escuchaba charlas y convivía con futbolistas. Oficialmente ejercía como recogepelotas. En realidad, estudiaba cada detalle. Antes de los encuentros y durante los descansos memorizaba las órdenes de Félix. Después aprovechaba su posición junto al campo para recordárselas a los jugadores.
Su carácter apareció pronto. Si un futbolista olvidaba cerrar una zona, José se lo reprochaba desde la banda. No tenía edad ni cargo para dirigir, pero ya interpretaba el partido como un técnico. Esa formación informal le enseñó movimientos, jerarquías y gestión. Sobre todo, le permitió entender que un entrenador debía sostener sus decisiones incluso cuando el entorno se volvía hostil.
El consejo que cambió su etapa en Barcelona
Entre 1996 y 2000, Mourinho trabajó en el Barcelona junto a Bobby Robson y Louis van Gaal. Quería comenzar cuanto antes su carrera como entrenador y recibió una propuesta del Sporting de Braga. Félix le pidió calma con dos palabras: “Tem juízo”. En español puede entenderse como “sé sensato”. Debía aprovechar oportunidad de aprendizaje antes de marcharse.
Mourinho aceptó el consejo. Después llegaron Benfica, União de Leiria, Porto, Chelsea, Inter, Real Madrid, Manchester United, Tottenham, Roma, Fenerbahçe y de nuevo el Madrid. La promesa nacida durante Navidad terminó cumpliéndose. El apellido alcanzó los rincones del fútbol. Pero el éxito no borró la escena original. Para José, su padre sigue siendo su modelo. Detrás del entrenador desafiante permanece aquel niño que abandonó una mesa sin terminar la comida y decidió convertir el dolor de Félix en una ambición para toda la vida.
