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José Elías ha vuelto a poner sobre la mesa una idea que incomoda a muchos profesionales: tener una carrera universitaria ya no garantiza vivir mejor que quien domina un oficio técnico. Su comparación es dura e inesperada: “Un buen abogado no vive mejor que un electricista”. La frase resume un cambio de época. Durante años, estudiar Derecho parecía una vía segura hacia prestigio, ingresos y estabilidad en el trabajo, pero el mercado laboral ha cambiado y la escasez técnica ha alterado la balanza.

Elías lo explica con una diferencia clara: el tiempo. Un abogado puede encadenar jornadas de hasta 16 horas, con presión, clientes, plazos, reuniones y una competencia enorme. En cambio, un electricista cualificado puede trabajar nueve horas, contando una pausa para desayunar, y seguir siendo imprescindible. La clave no está solo en cuánto cobra, sino en cuánto se entrega a cambio.

La escasez cambia el salario

El punto central es la oferta y la demanda. Hay muchos abogados, consultores o perfiles universitarios peleando por puestos similares, pero faltan electricistas, fontaneros, mecánicos y técnicos preparados. Cuando un profesional escasea, su valor sube. Por eso Elías insiste en que el oficio bien aprendido puede ofrecer mejores condiciones que trabajos más prestigiosos.

La imagen que utiliza es potente: si un electricista le dice a su jefe que va a empezar a echar currículums, el jefe se asusta. Sabe que sustituirlo no es fácil. No basta con poner una oferta y esperar candidatos válidos. Un buen electricista tiene experiencia, criterio, disponibilidad y capacidad para resolver problemas. Esa combinación vale mucho.

No todo es tener título

El mensaje no desprecia a los abogados, sino que cuestiona una creencia instalada: que el éxito laboral depende únicamente de pasar por la universidad. La realidad demuestra que un título sin demanda puede pesar menos que un oficio con clientes, urgencia y escasez. El mercado paga lo que necesita y lo que no encuentra fácilmente.

Por eso los nuevos sueldos están cambiando. Un electricista con oficio puede negociar mejor, tener horarios razonables y disfrutar de una estabilidad que muchos empleados de despacho no tienen. La diferencia es que su trabajo resuelve problemas inmediatos y difíciles de aplazar. La reflexión de José Elías deja una conclusión clara: vivir mejor ya no depende solo del prestigio social de una profesión. Depende del valor real que esa profesión tiene en el mercado, de la escasez de perfiles y del poder de negociación que puede ejercer.