En un mercado laboral cada vez más saturado de títulos universitarios y másteres de prestigio, la realidad económica de los oficios tradicionales está rompiendo todos los esquemas preestablecidos. El empresario José Elías, una de las fortunas más destacadas de España, ha lanzado una reflexión que se ha vuelto viral por su crudeza y realismo, ya que la rentabilidad de las profesiones técnicas frente a las carreras.
Según Elías, el desequilibrio entre la oferta y la demanda ha provocado que un buen electricista no solo tenga pleno empleo, sino que su capacidad de facturación supere con creces a la de perfiles tradicionalmente asociados al éxito, como el de los abogados.
La crisis del sector servicios frente al oro de la Formación Profesional
El argumento de Elías no se basa en una suposición, sino en la operativa diaria de sus empresas de energía e infraestructuras. "Un electricista hace sus 9 horas al día y, si es bueno y autónomo, acaba ganando más dinero que un abogado que mete 16 horas en un gran despacho de la Castellana", afirma con contundencia. Para el empresario, la sociedad española ha cometido el error de titulitis, empujando a las nuevas generaciones hacia carreras universitarias que hoy sufren una precariedad galopante, mientras se despreciaba la Formación Profesional técnica, que hoy vive una edad de oro por la absoluta falta de relevo generacional.
Esta escasez de mano de obra cualificada ha disparado los precios de los servicios técnicos. Mientras un joven graduado en Derecho compite en un mercado hiper-regulado y con sueldos de entrada estancados, un técnico especializado en instalaciones eléctricas o fotovoltaicas se ha convertido en un perfil unicornio. La capacidad de negociación de estos profesionales es hoy total; pueden elegir proyectos, fijar sus tarifas y, lo más importante, disfrutar de una conciliación de la que carecen los profesionales de los grandes bufetes de abogados, atrapados en jornadas interminables de facturación por horas.
El fin del prestigio universitario como motor económico
La provocadora frase de José Elías pone sobre la mesa un debate necesario sobre el futuro del trabajo en España. El prestigio social de ir a la universidad está chocando con la pared de la cuenta de resultados a final de mes. Elías insiste en que no se trata de desprestigiar la formación académica, sino de valorar la pericia técnica que hoy mueve la economía real. Si la tendencia continúa, el ascensor social de las próximas décadas no viajará en traje y corbata, sino en ropa de trabajo y con un maletín de herramientas en la mano.
Así pues, e un contexto donde la transición energética y la digitalización de los hogares exigen miles de nuevos técnicos cada año, el consejo de Elías es claro: miremos donde está la necesidad real del mercado. La rentabilidad hoy no está en el despacho más alto, sino en el cuadro eléctrico que nadie sabe arreglar.
