José Antonio Lobo se jubiló a los 61 años, pero no porque quisiera. Tras más de cuatro décadas cotizando, haber empezado a trabajar con 14 años y sumar 14 meses de servicio militar, su salida del mercado laboral fue forzada. Hoy, ya jubilado, ve cómo su pensión arrastra un recorte del 24 % que, según denuncia, le condena a una situación económica muy ajustada. Ha trabajado toda su vida y ahora le castigan por ello, resume.

Su caso no es aislado, pero sí especialmente ilustrativo de los efectos que siguen teniendo los coeficientes reductores aplicados a la jubilación anticipada obligada. José Antonio explica que el impacto del recorte no es puntual, sino permanente. “Es una condena perpetua”, afirma, al comprobar que su pensión no le permite llegar a fin de mes con la solvencia y dignidad que esperaba tras toda una vida laboral.

Una jubilación forzada tras más de 40 años trabajando

José Antonio comenzó a trabajar siendo apenas un adolescente, cuando tenía 14 años, en una época en la que incorporarse pronto al mercado laboral era habitual. Desde entonces, encadenó empleos durante más de 40 años, cumpliendo con sus cotizaciones y sumando incluso el tiempo de servicio militar obligatorio. Sin embargo, a los 61 años se vio obligado a jubilarse de forma anticipada, sin margen de elección. La normativa vigente aplicó automáticamente los coeficientes reductores, lo que se tradujo en una reducción del 24 % sobre su pensión de por vida.

 

Para José Antonio, el sistema no distingue entre quien decide jubilarse antes por voluntad propia y quien lo hace por obligación tras perder su empleo a una edad en la que reincorporarse al mercado laboral es prácticamente imposible.

El recorte que marca toda una jubilación

El impacto del recorte no es solo económico, sino también psicológico. José Antonio explica que cada mes tiene que ajustar al máximo sus gastos para poder cubrir lo básico. No se trata de lujos, hablamos de vivir con un mínimo de tranquilidad. El miedo a cualquier gasto imprevisto es constante. Considera injusto que, tras una vida de trabajo continuado, el sistema penalice de forma tan severa a quienes se ven empujados a la jubilación anticipada. “No es una ayuda, es un castigo que dura hasta que te mueres”, insiste.

Su testimonio se suma al de muchos jubilados que reclaman una revisión de los coeficientes reductores en casos de jubilación forzosa, especialmente para quienes acreditan largas carreras de cotización. Para José Antonio, el mensaje es que ha cumplido con todo y el sistema le da la espalda.