Hay un motivo claro, y una solución práctica, por el que muchos jubilados con más de una pensión acaban pagando más en la Declaración de la Renta. La realidad es que no se trata de un castigo fiscal, sino de cómo funciona el IRPF cuando intervienen varios pagadores, tal y como explica la Agencia Tributaria.
Y es que, aunque todas las pensiones sean legales y procedan del sistema público o de planes privados, a efectos fiscales pueden computar como ingresos de distintos pagadores. Esto cambia por completo el cálculo.
El motivo está en los dos pagadores cambian las reglas
La realidad es que cuando solo hay un pagador, el límite para no estar obligado a declarar suele situarse en 22.000 euros anuales. Sin embargo, cuando hay dos o más pagadores, ese límite baja de forma significativa.
De este modo, si el segundo pagador supera los 1.500 euros al año, el umbral se reduce aproximadamente a entre 15.000 y 15.876 euros. Esto hace que muchos jubilados que antes no tenían que presentar la Renta ahora sí estén obligados. Además, hay un segundo efecto clave: las retenciones. Cada entidad calcula el IRPF como si fuera la única fuente de ingresos.
De esta forma, la pensión principal suele aplicar una retención adecuada, pero la segunda retiene muy poco o incluso nada. El resultado es que, durante el año, se paga menos de lo que corresponde. Cuando llega la declaración, Hacienda suma todos los ingresos y ajusta el impuesto real. Y ahí aparece el pago pendiente.
La solución para evitar sorpresas
La realidad es que este problema tiene solución y no implica pagar más, sino pagar mejor distribuido. La clave está en ajustar las retenciones durante el año. De este modo, se puede solicitar voluntariamente una mayor retención en una de las pensiones, normalmente en la secundaria. Esto permite que el IRPF se acerque más al importe real y evita sustos en la Renta. También es recomendable hacer simulaciones previas o consultar con un asesor para anticipar el resultado.
Otro punto importante es entender que no se paga más por tener dos pensiones, sino que se regulariza lo que no se ha retenido correctamente. En definitiva, el problema no es cobrar de dos fuentes, sino cómo se gestionan fiscalmente. Ajustar las retenciones es la clave para evitar pagos inesperados y tener un control real sobre la tributación. Un pequeño cambio que puede marcar una gran diferencia.
