Las redes sociales han transformado por completo la forma en que muchas personas afrontan una reforma. La inspiración ya no llega únicamente de revistas especializadas o de profesionales del sector, sino de plataformas visuales como Pinterest o Instagram. Gabriel Bautista, interiorista, resume esta tendencia con una reflexión que se repite cada vez con mayor frecuencia en su trabajo diario: “La gente me pide lo que ve en redes, no lo que le durará diez años”.
El fenómeno, lejos de ser anecdótico, define buena parte de las conversaciones iniciales con clientes. Bautista explica que muchos propietarios llegan a los estudios de interiorismo con imágenes guardadas, referencias visuales muy concretas y una idea estética prácticamente cerrada. El problema, según advierte, es que esa inspiración rara vez viene acompañada de un análisis funcional de la vivienda.
Estética viral frente a necesidades reales
“El cliente te dice lo que ha visto en Pinterest, pero no siempre lo que realmente necesita”, señala el interiorista. En su experiencia, la prioridad de un proyecto no debería partir de una fotografía atractiva, sino de la realidad cotidiana de quienes habitan la casa. Factores como la estructura familiar, la edad de los hijos o la dinámica del hogar resultan determinantes para diseñar espacios verdaderamente útiles.
Bautista insiste en que cada vivienda responde a una lógica distinta. No es lo mismo proyectar un salón para una persona que vive sola que para una familia con niños pequeños. Tampoco es irrelevante saber si la casa recibirá visitas frecuentes o si debe adaptarse a futuras necesidades, como la estancia prolongada de familiares mayores. Este tipo de información, aparentemente ajena a la decoración, condiciona la distribución, el almacenamiento, la elección de materiales e incluso la durabilidad del diseño.
Reformas pensadas para durar
El interiorista recuerda que una reforma no es una decisión efímera. “No vas a reformar tu vivienda cada dos años”, advierte. Por ello, considera esencial que el proyecto tenga una validez mínima de diez o quince años. La clave no es únicamente que el resultado sea atractivo, sino que resista el paso del tiempo tanto en términos estéticos como prácticos.
Para Bautista, el criterio fundamental es que una casa debe funcionar antes que impresionar. Un diseño que no responde a las rutinas, hábitos y necesidades reales del hogar pierde valor con rapidez, independientemente de su impacto visual. “Si no funciona, no has hecho nada”, concluye, sintetizando una de las tensiones más visibles del interiorismo contemporáneo.
