La historia de Francisco es la de toda una vida ligada al campo. A sus 82 años, sigue levantándose cada día para trabajar la tierra con la misma constancia que cuando empezó, siendo apenas un niño. “Trabajo desde los doce años y todavía no lo dejo”, resume en el TikTok de EAP, con una naturalidad que refleja no solo su trayectoria, sino también una forma de entender la vida.

Una vida marcada por el esfuerzo

Y es que su relación con la agricultura no fue una elección, sino una necesidad. Como muchos de su generación, comenzó a trabajar siendo muy joven, en una época en la que el campo era el principal sustento y el esfuerzo diario formaba parte de la rutina.

Un agricultor es sorpren d'estar recullint olives en màniga curta / TWITTER: @jaume_gallego

La realidad es que, con el paso de los años, ese trabajo se ha convertido en algo más que una obligación. Es una forma de mantenerse activo, de sentirse útil y de seguir conectado a un entorno que ha definido toda su vida. De este modo, Francisco no concibe la jubilación como una retirada total. Y lo peor de todo es que, después de tantos años, está peor que antes.

Más que trabajo, una forma de vida

Y es que el campo no entiende de horarios ni de edad. Las tareas cambian, el ritmo se adapta, pero el vínculo se mantiene. Francisco ya no trabaja con la misma intensidad que antes, pero sigue implicado en el día a día. La realidad es que su historia refleja también un contraste con las nuevas generaciones, cada vez más alejadas de este tipo de vida. El relevo en el campo no siempre está garantizado, y muchos jóvenes optan por otros caminos.

Sin embargo, él no se plantea dejarlo. Mientras el cuerpo responda, seguirá saliendo al campo, cuidando sus cultivos y manteniendo una rutina que le da sentido a sus días. Así pues, el caso de Francisco no es solo una historia personal, sino el reflejo de una generación que ha hecho del trabajo una forma de vida. Una manera de entender el tiempo, el esfuerzo y la constancia que, a sus 82 años, sigue plenamente vigente.