Una frase impactante para repensar la educación infantil es “Educar no tiene nada que ver con los exámenes y correcciones”, atribuida al pedagogo italiano Francesco Tonucci. Esta propuesta invita a cuestionar el modelo educativo tradicional centrado en pruebas y evaluaciones, y a poner en el centro el desarrollo integral del niño, su curiosidad y su capacidad para aprender de la vida cotidiana, en lugar de medir su éxito por notas numéricas.
Educar más allá de exámenes y correcciones
Según Tonucci, la educación no debe entenderse como un proceso que se basa en el formato de exámenes, tareas y correcciones constantes, sino como una experiencia para descubrir, explorar y desarrollar las capacidades innatas de cada niño. En su propia definición, “educar” significa “traer fuera aquello para lo que cada uno nació”, y esto no se logra con pruebas estandarizadas que solo miden memoria o repetición mecanizada de contenidos, sino con actividades que fomenten el pensamiento crítico y la motivación por aprender.
Para él, los exámenes suelen centrarse en comparar a los alumnos entre sí, establecer clasificaciones y generar presiones que poco tienen que ver con el aprovechamiento auténtico del aprendizaje. En cambio, propone que los niños aprendan a través de métodos más exploratorios y significativos, como proyectos, investigación dirigida por interés propio, juegos y experiencias que conecten con su mundo real. Esta forma de educar permite que los niños participen activamente en su proceso de aprendizaje, en lugar de limitarse a responder preguntas para obtener un resultado numérico.
Patrones elementales para educar bien
Los pedagogos contemporáneos, siguiendo la línea de Tonucci, señalan varios patrones clave para una educación eficaz que va más allá de los exámenes:
1. Curiosidad y motivación intrínseca. Un niño aprende mejor cuando su interés y curiosidad natural es alimentado, no reprimido con exámenes repetitivos. La motivación de aprender por aprender es más sostenible que aprender para una prueba.
2. Estímulo de la imaginación y del juego. Tonucci insiste en que el juego es fundamental para el desarrollo cognitivo y emocional de los niños. Permitirles experimentar, crear y descubrir a través del juego —sin temor a equivocarse— fomenta habilidades clave para la vida.
3. Aprendizaje personalizado. No todos los niños aprenden igual ni al mismo ritmo. Por eso, en vez de uniformar aprendizajes con exámenes estandarizados, es importante ofrecer experiencias que respeten diferentes ritmos y talentos.
4. En torno de confianza y afecto. Para Tonucci, la relación educativa debe ser también emocional y de apoyo, no solo académica. Esto implica escuchar al niño, reconocer sus ideas y comprender que el error es parte del aprendizaje.
5. Conexión con la vida real. Educar implica vincular lo que se aprende con experiencias fuera del aula, ya sea en la calle, en el entorno familiar o en contextos sociales, de modo que el aprendizaje tenga sentido y propósito.
¿Qué aportan Tonucci y esta visión educativa?
Francesco Tonucci y otros pedagogos de vanguardia sostienen que un sistema educativo centrado en exámenes y correcciones puede limitar no solo la creatividad y la curiosidad, sino también el bienestar emocional de los niños. En lugar de ello, proponen un enfoque educativo que valore la diversidad de talentos, fomente la exploración autónoma y promueva la participación activa del niño en su propio aprendizaje. Esto no significa eliminar todo tipo de evaluación, sino reconsiderar qué y cómo evaluamos, priorizando habilidades significativas para la vida sobre la simple reproducción de contenidos.
En definitiva, educar bien —según Tonucci—no es medir, calificar o corregir constantemente, sino crear contextos donde los niños se sientan libres, motivados y acompañados para descubrir su propio potencial.
