Educar a un hijo es mucho más que enseñar letras, números o modales: implica preparar a un ser humano para que pueda responder con resiliencia ante las dificultades de la vida. La psiquiatra infantojuvenil María Velasco resume esta idea con una frase directa y a la vez profunda: Educar a nuestros hijos es enseñarles a frustrarse”. Esta visión —que se recoge en su trabajo divulgativo y en su libro Criar con salud mental— sitúa la frustración como una emoción educativa clave, fundamental para que el niño desarrolle herramientas emocionales sólidas.

Los retos de educar a un hijo

Educar a un hijo no es una tarea sencilla ni lineal. Los padres enfrentan múltiples dificultades habituales, entre las que destacan:

  • La intolerancia a la frustración: muchos niños —y también adultos— se sienten incómodos o ansiosos cuando no consiguen de inmediato lo que desean, lo que puede derivar en llantos, rabietas o evitación de desafíos.

  • La presión por evitar emociones negativas: en una cultura que a menudo se centra en la felicidad constante, algunos padres intentan proteger a sus hijos de cualquier malestar, creyendo que hacerlo facilitará su bienestar. Velasco advierte que esto puede impedir que el niño aprenda a manejar emociones difíciles como la tristeza, la rabia o la frustración.

  • Equilibrar amor y límites: muchos cuidadores temen que poner límites “duros” pueda dañar psicológicamente a sus hijos, cuando en realidad los límites educados ayudan al niño a comprender normas, consecuencias y autocontrol emocional.

Según Velasco, algunas de estas dificultades se derivan de una sociedad que no fomenta la tolerancia a la frustración, ni en padres ni en hijos, lo que a su vez puede contribuir a que los menores no desarrollen habilidades de afrontamiento emocional suficientes ante los desafíos reales de la vida.

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Cómo criar a los hijos para que se conviertan en adultos mentalmente sanos y resilientes. María Velasco es licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Alcalá de Henares. Especialista en Psiquiatría. #education #educacioninfantil #hijossanosemocionalmente #hijossanosyfelices #criarhijosfelices #aprendemosjuntos

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¿Por qué es importante enseñar a frustrarse?

Para Velasco, la frustración no es un obstáculo a evitar, sino una oportunidad de aprendizaje. Cuando un niño enfrenta una situación frustrante —por ejemplo, no obtener lo que quiere— tiene la oportunidad de:

  1. Experimentar emociones difíciles como tristeza, rabia o impotencia.

  2. Aprender a tolerar esas emociones sin desbordarse ni huir de ellas.

  3. Desarrollar mecanismos de regulación emocional, es decir, saber qué hacer cuando una emoción desagradable aparece.

  4. Construir resiliencia, la capacidad de recuperarse ante dificultades y seguir adelante.

Frustrar a un niño no significa abandonarlo o dejarlo solo ante sus emociones. Según Velasco, significa acompañar el sentimiento, nombrarlo, hacerle saber que es normal sentirse así, y ayudarle a encontrar estrategias para manejarlo sin agredirse ni agredir a otros.

Padre e hijo. Unsplash
Padre e hijo. Unsplash

Esta forma de educar —que puede parecer contraintuitiva o incluso “duro” en un primer momento— no traumatiza al niño. Por el contrario, le enseña que la vida no siempre ofrece lo que queremos a la primera, y que es posible crecer emocionalmente aprendiendo de los obstáculos.

Educación con salud mental

En palabras de María Velasco, no basta con criar hijos felices; nuestro objetivo debería ser ayudarles a convertirse en adultos mentalmente sanos, capaces de afrontar los altibajos de la vida con equilibrio emocional. Esto implica no evitar la frustración, sino integrarla en el proceso educativo como una herramienta de aprendizaje y crecimiento emocional.