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Ferran Adrià ha encontrado en Cala Montjoi uno de sus lugares más importantes para desconectar. El cocinero pasa allí buena parte del verano, alejado del ritmo de Barcelona y muy cerca del espacio donde construyó la leyenda de elBulli. Entre el 24 de junio y el 15 de septiembre, Adrià y su mujer, Isabel Pérez Barceló, se instalan en una casa situada frente al antiguo restaurante, hoy convertido en elBulli1846.

Su rutina allí tiene poco que ver con la imagen de alguien que pasa el verano durmiendo hasta tarde. Adrià asegura que se despierta cada mañana a las seis, “sin despertador”. Duerme unas siete horas, pero en verano añade una costumbre que considera prácticamente intocable: la siesta. Para él, ese descanso forma parte de una rutina muy concreta y de un periodo del año que valora especialmente.

Cala Montjoi sigue siendo mucho más que un lugar de vacaciones

La elección de Cala Montjoi no es casual. Está a pocos kilómetros de Roses, en plena Costa Brava, y representa uno de los escenarios más importantes de la vida profesional de Adrià. Allí estuvo elBulli hasta su cierre como restaurante el 30 de julio de 2011, después de convertirse en uno de los espacios gastronómicos más influyentes del mundo.

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Desde hace unos años, el lugar funciona como elBulli1846, un espacio dedicado a conservar y explicar el legado del restaurante. Adrià pasa el verano a escasos metros, aunque fuera del propio complejo, manteniendo una relación diaria con un entorno que sigue siendo fundamental en su vida.

Un verano de rutina, calma y mucho valor personal

Adrià resume esos meses con una idea muy simple: “Es un tiempo valioso para mí”. Cala Montjoi le permite mantener una rutina constante, descansar y seguir conectado con el proyecto que marcó su carrera sin tener que convivir con el ruido y las prisas de una gran ciudad. La casa frente al antiguo elBulli funciona así como refugio personal y también como punto de conexión con su historia. El paisaje de la cala, el Mediterráneo y la tranquilidad del entorno forman parte de una manera de vivir el verano que Adrià mantiene desde hace años.

No necesita grandes cambios de escenario. Su forma de desconectar pasa por regresar siempre al mismo lugar, levantarse temprano, mantener sus horas de sueño y reservar espacio para una siesta que en verano considera sagrada. Para alguien cuya vida profesional estuvo durante décadas marcada por un ritmo extremo de creatividad y exigencia, Cala Montjoi representa justo lo contrario: continuidad, silencio y tiempo propio. Allí, Ferran Adrià no busca escapar de su pasado, sino convivir con él desde una perspectiva mucho más tranquila.