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Fernando Alonso ha hablado pocas veces con tanta claridad sobre la relación con su padre, José Luis Alonso. Detrás del hombre que dedicó incontables horas a acompañarlo durante sus primeros años en el karting existía una manera de querer muy tradicional: sacrificio, presencia y ayuda constante, pero prácticamente ninguna demostración física de afecto. El piloto nunca dudó de cuánto lo quería.

“Mi padre me quiere con toda su alma, pero nunca me ha abrazado”, reconoció Alonso. Ni siquiera recuerda haber recibido ese gesto cuando atravesó situaciones difíciles. No lo explicó desde el reproche, sino intentando comprender una educación en la que sentimientos profundos podían existir sin necesidad de expresarse mediante abrazos, palabras cariñosas o conversaciones emocionales frecuentes.

Su padre demostraba el cariño haciendo cosas

José Luis Alonso fue determinante para que Fernando pudiera competir desde pequeño. Trabajó, viajó durante años con él y dedicó buena parte de su tiempo libre al karting. Fue precisamente su afición al automovilismo la que terminó introduciendo al futuro campeón en un deporte que inicialmente ni siquiera había sido pensado específicamente para él.

Fernando Alonso pensativo / Foto: Europa Press

Aquella forma práctica de cuidar terminó influyendo también en Fernando. El propio piloto reconocía que ambos eran parecidos y que se bloqueaban ante las manifestaciones afectivas. En su familia, querer a alguien podía significar acompañarlo kilómetros, arreglar un kart o realizar sacrificios económicos antes que pronunciar determinadas palabras. El afecto estaba presente, aunque se expresara mediante hechos.

Una educación que ayuda a entender su carácter

Esa infancia también permite comprender algunos rasgos que Alonso ha mostrado durante su carrera. Siempre ha protegido especialmente su vida privada, ha mantenido cierta distancia emocional en público y rara vez exterioriza lo que siente. La competición reforzó todavía más esa personalidad basada en controlar las emociones y resolver los problemas mediante acciones.

Sin embargo, nunca ha confundido esa falta de abrazos con ausencia de amor. Décadas después continúa destacando los sacrificios realizados por sus padres para ofrecerle una oportunidad. Incluso ha tenido gestos de agradecimiento relacionados con la pasión que compartieron desde niño. Su historia recuerda que durante generaciones muchos padres aprendieron a querer sin verbalizarlo. José Luis quizá nunca abrazó a Fernando cuando estaba sufriendo, pero dedicó años de su vida a acompañarlo. Para Alonso, aquellas acciones fueron otra manera de decir exactamente lo mismo.