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Retrasar la jubilación no siempre es la mejor decisión, pero para algunos trabajadores puede marcar una diferencia importante en la pensión. Los economistas explican que seguir en activo dos años más permite mejorar los ingresos futuros, aumentar la base de cálculo en determinados casos y acceder a los incentivos de la jubilación demorada. La clave está en analizar si compensa económicamente, si el empleo es sostenible y si la salud permite mantener la actividad.

En España, la jubilación demorada permite aplazar el retiro más allá de la edad ordinaria y recibir una recompensa económica. La Seguridad Social contempla tres opciones: un porcentaje adicional sobre la pensión, un pago único o una fórmula mixta. El incentivo general es del 4% por cada año completo trabajado después de cumplir la edad ordinaria de jubilación.

Dos años pueden cambiar la pensión

Para un trabajador que todavía conserva un buen salario, retrasar la jubilación dos años puede ser interesante por dos motivos. El primero es que sigue cotizando y evita empezar a cobrar la pensión antes de tiempo. El segundo es que puede sumar un incremento permanente a la pensión si opta por el porcentaje adicional.

jubilado archivo europa press

En términos simples, dos años completos de demora pueden suponer un 8% adicional sobre la pensión reconocida. En una pensión de 1.500 euros mensuales, ese incremento rondaría los 120 euros al mes. En 14 pagas, la diferencia anual sería relevante y se mantendría durante toda la vida del pensionista. La alternativa es elegir un pago único. En ese caso, la cuantía depende de la pensión inicial y de los años cotizados, por lo que no todos los trabajadores reciben la misma cantidad. También existe una modalidad mixta, que combina parte de aumento mensual y parte de cobro único.

No compensa a todos por igual

Los economistas advierten de que no debe verse como una recomendación universal. Retrasar la jubilación puede tener sentido para quienes tienen buena salud, un empleo estable, una pensión futura relativamente alta y capacidad real para seguir trabajando sin deteriorar su calidad de vida.

En cambio, puede no compensar a quienes tienen trabajos físicos duros, problemas de salud, desempleo al final de la carrera o una necesidad urgente de ingresos. También conviene valorar la esperanza de vida, la fiscalidad y el tipo de incentivo elegido. Un pago único puede ser útil para quien necesita liquidez; el porcentaje mensual puede interesar más a quien busca ingresos estables. Por eso la recomendación no es retrasar siempre la jubilación, sino hacer números antes de decidir. Dos años más de trabajo pueden mejorar mucho la pensión, pero solo si el coste personal no supera el beneficio económico.