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Muchos jubilados creen que su pensión solo depende de la cantidad que les ingresa la Seguridad Social cada mes. Sin embargo, los economistas recuerdan que el verdadero valor de una pensión no se mide solo por lo que se cobra, sino por lo que permite comprar. Y ahí es donde entran tres hábitos diarios que pueden estar reduciendo el poder adquisitivo sin que el pensionista se dé cuenta: pagar siempre en pequeño efectivo, no revisar los gastos fijos y ayudar a la familia sin poner límites.

Y es que una pensión puede mantenerse igual en la cuenta bancaria, pero rendir mucho menos si cada mes se escapan cantidades pequeñas que nadie controla. El problema no suele aparecer con un gran gasto puntual, sino con decisiones repetidas que parecen inofensivas y que, acumuladas, recortan el margen mensual.

Los pequeños gastos también pesan

La realidad es que pagar cafés, compras rápidas, lotería, pequeños caprichos o recados diarios en efectivo puede hacer que muchos jubilados pierdan el control real de lo que gastan. No se trata de dejar de tomar algo o de vivir con miedo a gastar, sino de saber cuánto se va en esos hábitos.

Jubilado. EP

De este modo, si cada día se gastan 5 o 6 euros sin registrarlo, al final de mes pueden desaparecer entre 150 y 180 euros. Para una pensión ajustada, esa cantidad puede marcar la diferencia entre llegar con tranquilidad o tener que tirar de ahorros. El segundo hábito peligroso es no revisar los gastos fijos. Luz, gas, teléfono, seguros, comisiones bancarias o suscripciones pueden subir poco a poco sin que el pensionista lo note. Muchos siguen pagando tarifas antiguas, contratos duplicados o servicios que ya no utilizan.

Ayudar sin límites puede romper el presupuesto

El tercer hábito es el más delicado: ayudar económicamente a hijos o nietos sin calcular el impacto. Muchos jubilados entregan dinero de forma puntual, pagan compras, adelantan recibos o cubren gastos familiares pensando que no pasa nada. Pero si esa ayuda se convierte en costumbre, la pensión deja de sostener al jubilado y empieza a sostener a varias personas. Los economistas recomiendan fijar una cantidad máxima mensual para ayudar, si se puede, y no tocar nunca el dinero reservado para vivienda, alimentación, salud e imprevistos.

Así pues, la pensión puede reducirse sin que cambie el ingreso oficial. Pequeños gastos invisibles, facturas sin revisar y ayudas familiares sin límite pueden hacer que el dinero dure cada vez menos. La clave está en controlar esos hábitos antes de que el problema aparezca a final de mes.