Desirée es una chica española que vive en Noruega desde hace una década, asegura con rotundidad que, si pudiera elegir, nunca volvería a España. Aunque la adaptación no fue sencilla y todavía se considera “la española que se mudó a Noruega”, reconoce que la calidad de vida que ha encontrado allí supera con creces lo que podría haber esperado en España. La distancia, la soledad y las dificultades iniciales fueron un precio pequeño frente a la independencia financiera y la tranquilidad que ha logrado en su día a día.
La estabilidad económica y la posibilidad de costearse lo que necesita sin miedo le han permitido vivir a gusto y con libertad. Desirée señala que la vida en Noruega le ofrece seguridad en todos los niveles y una sensación de bienestar que, según ella, es imposible de encontrar en España. Esa calidad de vida, afirma, hace que todos la adaptación durante los primeros años valga la pena y que pese más lo positivo.
Adaptación y diferencias culturales
Desirée explica que adaptarse a un país con un clima, costumbres y sistema social distintos no es sencillo. La soledad, la oscuridad prolongada en invierno y la distancia emocional con familiares y amigos fueron retos que tuvo que afrontar. Sin embargo, la experiencia también le ha enseñado a ser más resiliente y a valorar la vida de otra manera. Todo lo negativo suma, pero la vida que ha encontrado en el norte de Europa es otro nivel.
Además, destaca que la estructura social y la calidad de los servicios en Noruega contribuyen significativamente a su bienestar. La educación, la sanidad y la seguridad ciudadana, combinadas con un sistema laboral que respeta los derechos de los trabajadores, le permiten disfrutar de una vida más estable y organizada. Todo ello refuerza su sensación de haber tomado la decisión ahora hace diez años.
Los beneficios pesan más que los obstáculos
Para Desirée, los beneficios superan ampliamente los inconvenientes. La independencia financiera le ha permitido tener una vida tranquila pudiendo gastar sin demasiado miedo, algo que hubiera sido imposible en España. Además, el equilibrio entre vida personal y laboral le ofrece tiempo para disfrutar y desarrollarse, un lujo que valora profundamente.
En definitiva, Desirée concluye que, a pesar de los desafíos iniciales y la distancia con su país natal, la decisión de mudarse a Noruega ha transformado su vida para bien. La calidad de vida, la seguridad y la autonomía personal pesan más que cualquier dificultad, y por eso asegura que no cambiaría su elección, ya que Noruega es, para ella, la mejor opción de vida posible.
