El acceso temprano a la tecnología se ha convertido en una de las grandes preocupaciones educativas de nuestro tiempo. Tablets, móviles y pantallas forman parte del entorno cotidiano de muchas familias y, en muchos casos, llegan a los niños antes incluso de que aprendan a hablar con fluidez. Ante este escenario, David Bueno, pedagogo y neuroeducador, lanza una advertencia clara: hasta los cinco años no es recomendable que los niños utilicen tablets. Su mensaje no busca demonizar la tecnología, sino proteger el desarrollo neurológico y emocional en las etapas más sensibles de la infancia.

Según Bueno, el cerebro infantil se construye a partir de la experiencia directa con el entorno. El exceso de estímulos digitales en edades tempranas puede interferir en procesos básicos como la atención, el lenguaje, la autorregulación emocional o la motricidad.

El impacto del boom tecnológico en la infancia

La expansión de las nuevas tecnologías ha transformado la forma de aprender, jugar y relacionarse. Desde edades muy tempranas, los niños están expuestos a pantallas que captan su atención de forma intensa y continua. David Bueno explica que este bombardeo de estímulos rápidos y cambiantes no se adapta al ritmo natural de maduración del cerebro infantil.

Códigos niños

Entre las ventajas de la tecnología, el pedagogo reconoce su potencial educativo a partir de ciertas edades: acceso a información, recursos interactivos, aprendizaje personalizado o desarrollo de competencias digitales. Sin embargo, subraya que estas ventajas solo aparecen cuando el cerebro ya ha consolidado habilidades básicas, algo que no ocurre en los primeros años de vida.

En cambio, el uso precoz tiene claras desventajas: dificultades para mantener la atención, menor tolerancia a la frustración, empobrecimiento del lenguaje y reducción del juego simbólico. Además, puede afectar al desarrollo social, ya que sustituye interacciones reales por experiencias pasivas frente a una pantalla.

Por qué antes de los 5 años no se recomiendan las tablets

David Bueno insiste en que antes de los cinco años el cerebro aprende principalmente a través del cuerpo y la relación con otras personas. El movimiento, el juego libre, la exploración sensorial y la interacción emocional son esenciales para construir las bases cognitivas. Las tablets, aunque parezcan educativas, no pueden sustituir estas experiencias.

Según explica, el cerebro infantil necesita tocar, correr, hablar, equivocarse y observar reacciones reales. El uso de pantallas reduce estas oportunidades y puede generar una dependencia temprana a estímulos artificiales diseñados para captar atención, no para educar.

Niños de alto ángulo sentados juntos

Bueno, señala que no se trata solo del contenido, sino del formato. La tablet ofrece respuestas inmediatas y elimina el esfuerzo, algo que dificulta el desarrollo de la paciencia y la capacidad de espera. Por eso, recomienda que hasta los cinco años el contacto con la tecnología sea mínimo o inexistente, priorizando cuentos, juegos manipulativos y tiempo compartido con adultos.

A partir de esa edad, el uso puede introducirse de forma gradual, acompañada y con límites claros, siempre como complemento y no como sustituto de la experiencia real. En definitiva, David Bueno defiende una idea clave: proteger la infancia no es ir contra el progreso, sino asegurar que los niños crezcan con un cerebro preparado para aprovecharlo.