Salvador Illa ha iniciado la que puede acabar siendo la semana más importante de su presidencia, ya que, si no hay novedades, el viernes se votarán las enmiendas a la totalidad de los presupuestos de la Generalitat, entre ellas una de Esquerra Republicana. Oriol Junqueras sigue esperando un movimiento del PSOE que le garantice la transferencia de la gestión del 100% del IRPF a la Generalitat. En las últimas horas, el presidente de los republicanos ha trasladado a sus interlocutores que la pelota no está en su tejado. Y que el PSC ya sabe lo que tiene que hacer, que no es otra cosa que revertir la negativa de la vicepresidenta y ministra de Economía, María Jesús Montero, a realizar un traspaso del que está radicalmente en contra ahora y también en el medio plazo. 

Con esta actitud, Junqueras quiere sacarse de encima la presión que está recibiendo para que los 22 diputados republicanos permitan la tramitación de los presupuestos catalanes. Se lo han pedido desde el Govern y también los Comuns, así como las patronales Foment y Pimec y los sindicatos UGT y CC.OO. El caso de los Comuns es especialmente cruel para los republicanos, ya que su oposición a aprobar las cuentas del Govern Aragonés en 2024 fue lo que precipitó —erróneamente, en un fallido cálculo electoral— el adelanto de unos comicios que no estaban previstos hasta más de un año después. El último envite a ERC lo ha realizado este lunes el Col·legi d’Economistes de Catalunya (CEC) con un “llamamiento urgente” al Govern y a los partidos políticos con representación en el Parlament para que aprueben los presupuestos de la Generalitat para 2026. La institución ha presentado un documento con doce razones a favor de que Catalunya tenga cuentas públicas, por razones de normalidad institucional y de gobernabilidad, y también por razones económicas y sociales.

Lo más llamativo es cómo Esquerra ha hecho de la necesidad virtud y de la presión al PSC para que mueva al PSOE un factor de cohesión interno

En otro momento, los republicanos hubieran sido muy sensibles a todo este clamor, pero ahora las presiones parecen no hacer el mismo efecto en Junqueras, que se refugia en que, si soporta la prisión, mucho más fácil le resulta hacer frente a la presión. A su favor juega su convicción de que Illa no convocará elecciones, ya que no se dan las condiciones para ello, y que errores de esta dimensión solo los cometen los republicanos. Tampoco se cree a los agentes económicos que le dicen que este es un escenario político que el president de la Generalitat no descarta. En esta situación, lo más llamativo es cómo Esquerra ha hecho de la necesidad virtud y de la presión al PSC para que mueva al PSOE un factor de cohesión interno, ya que a Junqueras le costaría más explicar a sus cuadros que se ha movido a cambio de nada, o de muy poco, que resistir en esta posición. Es más, cree que ya ha sido suficientemente generoso garantizándole al Govern la ampliación de los suplementos de crédito que necesite y que debería tramitar en el Parlament.

En este escenario, la presión hasta el viernes también va a ser para el president Illa, que solo quiere contemplar la aprobación o la aprobación. A lo mejor, no hubiera tenido que ser tan radical si no contaba con los apoyos, pero eso ahora ya es pasado. También es verdad que hasta aquel encuentro de Junqueras con Sánchez en la Moncloa no había elementos, dicen, que les hicieran pensar en que las cuentas pudieran descarriarse. Aunque los dos partidos no quieren escalar la tensión, ambos son conscientes del mal rollo de estas últimas semanas y miran con un cierto vértigo el poso que puede dejar si no lo reconducen antes del día 20. Pero, mientras tanto, las hojas del calendario van cayendo y desde la sede de la calle Calàbria se limitan a repetir: ¡Que se lo pida a Sánchez!