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Guardar dinero en efectivo en casa no implica, por sí solo, tener que pagar impuestos cuando posteriormente se ingresa en una cuenta bancaria. El problema aparece cuando Hacienda detecta una cantidad elevada y el contribuyente no puede demostrar claramente de dónde procede. Eso es lo que puede convertir unos ahorros acumulados durante años en un auténtico problema fiscal.

Es la situación a la que puede enfrentarse un jubilado que haya guardado durante mucho tiempo dinero “bajo el colchón” y decida ingresarlo de golpe en el banco. La Agencia Tributaria puede exigir que acredite el origen de esos fondos. Si no consigue hacerlo suficientemente, el dinero puede llegar a considerarse una ganancia patrimonial no justificada e integrarse en el IRPF.

El ingreso bancario no es lo que genera el impuesto

La clave está precisamente ahí. Hacienda no cobra IRPF simplemente porque una persona ingrese sus propios ahorros en una cuenta. Lo que puede ocurrir es que una cantidad importante no encaje con las rentas y el patrimonio que esa persona había declarado anteriormente. En ese caso, la Administración puede pedir explicaciones sobre cómo consiguió ese efectivo.

El artículo 39 de la Ley del IRPF establece que se consideran ganancias patrimoniales no justificadas aquellos bienes o derechos cuya tenencia o adquisición no se corresponda con la renta o patrimonio declarados. Además, corresponde al contribuyente acreditar suficientemente su procedencia para evitar esa consideración.

Guardar justificantes puede evitar un problema con Hacienda

Demostrar que el dinero procede realmente de ahorros antiguos puede resultar complicado después de muchos años. Extractos bancarios, retiradas anteriores de efectivo, nóminas, declaraciones de la renta o documentos relacionados con una venta pueden servir para reconstruir el origen del capital. La Agencia Tributaria señala que debe acreditarse de dónde procede el dinero, quién lo entregó y por qué se produjo la transmisión cuando corresponda.

Por eso, el problema de este jubilado no sería haber tenido dinero en casa ni ingresarlo posteriormente, sino no poder justificarlo ante Hacienda. Si demuestra que eran ahorros obtenidos con rentas ya declaradas, no deberían volver a tributar por el mero ingreso. Si no puede acreditarlo, Hacienda sí puede tratarlos como una ganancia patrimonial no justificada y exigir el correspondiente IRPF.