Dubai se ha convertido en uno de esos destinos que, más allá del atractivo económico o arquitectónico, despiertan un tipo de fascinación menos visible pero muy poderosa como lo es la sensación de seguridad. Quienes residen allí de forma prolongada suelen coincidir en una idea que sorprende especialmente a quienes observan desde Europa. Carlota, una española instalada en el emirato, lo resume con una frase que llama la atención por su rotundidad: “Puedo irm y dejar abierta la puerta de casa sin miedo de nada”.
La percepción de tranquilidad no es un elemento aislado ni una experiencia anecdótica. En Dubai, la seguridad es uno de los pilares sobre los que se sostiene la vida cotidiana. No se trata únicamente de la presencia policial, sino de un entramado legal y social muy estricto que condiciona el comportamiento de las personas que residen en el país. Las leyes son severas, las sanciones disuasorias y la vigilancia constante. Una serie de factores que, combinados, generan un entorno donde la delincuencia común es extremadamente baja en comparación con muchas grandes ciudades occidentales, donde hay que ser mucho más desconfiado.
Una sensación difícil de imaginar desde España
Para muchos españoles, acostumbrados a normalizar ciertas precauciones como cerrar con llave varias veces, desconfiar de ruidos nocturnos o evitar determinadas zonas a ciertas horas, relatos como el de Carlota pueden parecer exagerados o imposibles. Sin embargo, numerosos residentes extranjeros describen una experiencia similar. La idea de caminar de noche, utilizar transporte público o moverse en espacios urbanos con un nivel nulo de miedo a que te pase algo, forma parte de la rutina, no de algo excepcional.
Este clima de seguridad percibida tiene un impacto directo en la calidad de vida de los residentes. No solo reduce la ansiedad asociada a posibles robos o incidentes, sino que altera la forma en que las personas se relacionan con su entorno. La confianza es mucho mayor, ya que al conocer a alguien no existe la sospecha o el miedo a que te pueda hacer algo malo.
Normas estrictas y un control permanente
El modelo de Dubai, no obstante, está lejos de ser neutral. La baja criminalidad suele vincularse a un sistema legal rígido, donde las conductas tipificadas como delito pueden acarrear consecuencias muy serias. La vigilancia, la regulación de comportamientos y la aplicación de las normas forman parte del mismo fenómeno que permite experiencias como la que describe Carlota.
Para algunos, es un ejemplo de eficacia; para otros, un entorno de fuerte supervisión estatal. Lo indiscutible es que, para muchos residentes, la sensación de vivir sin miedo a la delincuencia cotidiana constituye una diferencia radical respecto a otros países. Así pues, Carlota, como tantos expatriados, lo expresa desde la experiencia personal, no desde la teoría.
