La normativa sobre incapacidad laboral ha dado un giro relevante que puede afectar a miles de trabajadores. Según explica el abogado Andrés Millán, una reciente modificación publicada en el BOE abre la puerta a acceder directamente a una pensión por incapacidad permanente en determinados casos.

Y es que el cambio no es menor. La reforma, vinculada a la actualización del artículo 193 de la Ley General de la Seguridad Social tras la conocida Ley ELA, introduce una nueva forma de entender cuándo una persona puede ser reconocida como incapaz para trabajar y cobrar la pensión correspondiente por ello.

Adiós a tratamientos eternos y bajas prolongadas

Uno de los cambios más importantes afecta a los tratamientos médicos previos. Hasta ahora, la Seguridad Social exigía que el trabajador agotara todas las opciones terapéuticas antes de valorar la posibilidad de otorgarle la incapacidad permanente.

Con la nueva redacción, esto deja de ser obligatorio en determinados supuestos. Si la enfermedad está claramente diagnosticada, su evolución es conocida y su carácter es irreversible, ya no será necesario prolongar tratamientos que no van a cambiar el resultado. La realidad es que esta modificación evita situaciones en las que los pacientes alargaban procesos médicos sin sentido, únicamente para cumplir con un requisito administrativo.

Se puede solicitar sin tener que pasar por una baja previa

El segundo gran cambio afecta al procedimiento. Tradicionalmente, la incapacidad permanente partía de una incapacidad temporal, es decir, de una baja médica que podía alargarse durante meses o incluso años.

Ahora, esto también cambia. La nueva normativa permite solicitar directamente la incapacidad permanente sin necesidad de haber pasado por ese periodo previo, siempre que la situación clínica lo justifique. En palabras de Andrés Millán, se trata de evitar trámites innecesarios cuando es evidente que la persona no podrá reincorporarse al trabajo.

De este modo, la reforma busca agilizar los procesos y adaptar el sistema a realidades médicas donde el diagnóstico y el pronóstico son claros desde el inicio. Así pues, este cambio legal supone una mejora significativa para quienes se enfrentan a enfermedades graves o irreversibles, facilitando el acceso a una prestación clave sin tener que pasar por largos procedimientos previos.