La historia de la última época del siglo XX y el inicio del XXI se podría explicar mediante las canciones de Al Tall, el mítico grupo valenciano de música tradicional que de 1975 a 2012 supo ponerle alma a una sociedad y proyectar una mirada hacia los Països Catalans desde la perspectiva de la tierra del Túria. Una tierra históricamente gobernada por la derecha, pero que tiene un poso de dignidad progresista que le ha permitido flotar entre tanta mediocridad. Uno de los salvavidas y revulsivos que ha contribuido a flotar y reflotar el país ha sido Vicent Torrent, el emblemático fundador y líder de Al Tall, que con 81 años publica Totes les cançons, el libro que recoge sus ochenta y siete textos y melodías.
Litterarum quiso hacerse eco de esta novedad cultural y la semana pasada, la librería tortosina La irreal acogió su presentación. El encuentro, que llenó el espacio a rebosar, se enmarcaba dentro de la agenda de actos previos de esta feria literaria que, con sede en Móra d'Ebre, ya hace dos décadas que celebra las letras y los espectáculos que se vinculan a ella. Con la conciencia clara de ser la cadera de los Países Catalanes, incorpora sedes paralelas a la de la capital de la Ribera d'Ebre, de manera que Tortosa, Morella, Reus y Calaceit acogerán también actividades vinculadas a Litterarum.
En su intervención, Vicent Torrent, también musicólogo y escritor, quiso hacer una defensa acérrima de la cultura popular, como herramienta de transformación social y de transmisión de valores e ideologías, sobre todo a las generaciones más jóvenes. Torrent también se mostró crítico con una globalización excesiva que va incendiando y empobreciendo la riqueza cultural y que desertiza otras formas de diversas vernacularidades. Sus reflexiones, en algún momento, recordaron el discurso que pronunció Miguel Delibes en 1975 —al aceptar entrar en la Real Academia Española— porque el activista y músico valenciano también hizo bastantes referencias al sentido del progreso, que demasiado a menudo confundimos con un crecimiento desmesurado.
Vicent Torrent recoge en un libro las canciones de Al Tall, un humilde manifiesto de vida que reivindica las canciones como herramientas provechosas para aprender y vivir
El repertorio de Al Tall podría hacernos de calendario porque casi en cada mes encontraríamos una temática y una historia. Quan el mal ve d'Almansa (en abril, por la Diada Nacional del País Valencià), Vinga faena (en mayo y el Día del Trabajador), Nuclears? No, gràcies (en junio y el Día Mundial del Medio Ambiente), Vergonya, cavallers, vergonya! (en octubre y la conmemoración de la entrada de Jaume I a València) o su universal Tio Canya, que bien podría enmarcarse en el mes de febrero, que es cuando se celebra el Día Mundial de la Lengua Materna. Un humilde manifiesto de vida que reivindica las canciones como herramientas provechosas para aprender y vivir.
Poca gente sabe que a Vicent le faltaba un año para cantar misa cuando lo echaron del seminario. En aquella época, descubrió las asambleas comunistas, llegaba tarde a la oración y empezó a participar en manifestaciones universitarias. Su espíritu crítico y rebelde no encajaba con los curas de la época. Quizás nos perdimos un Ernesto Cardenal a la valenciana y la Iglesia dejó escapar un sacerdote pero el país ganó un maestro, músico y referente. El auditorio de su pueblo, Torrent, llevaba su nombre hasta que, no hace mucho, PP y VOX se lo quitaron. En todo caso, esta clase de miserables nunca podrá evitar que el equipamiento cultural siga llamándose, igualmente, Auditori de Torrent. No hay mejor coherencia y pequeña venganza: ser metáfora y que tu apellido sea el nombre de tu municipio. Llamarte como tu pueblo. Él, un juglar que nunca ha callado y que, romance a romance, nos recomienda que nunca pongamos el negocio por encima de la felicidad.