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Álex Bermúdez, asesor energético, desmonta uno de los grandes temores del verano, como que dormir con el aire acondicionado encendido no significa necesariamente recibir una factura disparada. Según explica, el coste depende mucho más de cómo se utiliza el aparato que de mantenerlo funcionando durante varias horas. Con una temperatura razonable y un equipo eficiente, el gasto nocturno puede ser bastante contenido.

El experto sitúa ese coste alrededor de 45 céntimos por noche cuando el aparato trabaja en buenas condiciones y se programa cerca de los 25 grados. La clave está en evitar temperaturas demasiado bajas, porque obligan al sistema a trabajar con mayor intensidad. Poner el aire a 18 o 19 grados no enfría mágicamente mejor: simplemente incrementa el consumo sin aportar un descanso proporcionalmente mayor.

La temperatura elegida importa más que las horas

Bermúdez recuerda que cada grado que se baja puede aumentar el consumo entre un 6% y un 8%. Por eso recomienda mantenerse aproximadamente entre 23 y 25 grados durante la noche. En esa franja, el aparato puede estabilizar la temperatura y reducir su esfuerzo cuando la habitación ya está fresca, especialmente si utiliza tecnología inverter.

Apagar y encender continuamente tampoco siempre es la estrategia más eficiente. Cuando el aire acondicionado tiene que recuperar una habitación que se ha calentado de nuevo, el compresor vuelve a trabajar con intensidad. Mantener una temperatura estable puede resultar más eficiente que provocar varios ciclos de enfriamiento fuerte durante la noche, aunque el resultado final dependerá del equipo y del aislamiento de la vivienda.

Dormir fresco no tiene por qué disparar la factura

También influyen factores como la orientación de la habitación, las ventanas, el aislamiento, la potencia del aparato y el precio de la electricidad contratado. Una vivienda que acumula mucho calor necesitará más energía para alcanzar la misma temperatura que otra bien aislada. Por eso los 45 céntimos deben entenderse como una referencia, no como una cantidad garantizada para todos.

La conclusión de Bermúdez es que no hace falta pasar calor por miedo automático al recibo. Usar bien el aire acondicionado puede permitir dormir toda la noche con un coste moderado. Ajustar la temperatura, cerrar persianas durante el día, limpiar filtros y evitar enfriar en exceso resulta más importante que obsesionarse únicamente con las horas de funcionamiento. Dormir con el aire encendido no te arruina; utilizarlo mal sí puede encarecer innecesariamente el verano y elevar bastante la factura mensual final.