Tal día como hoy del año 1170, hace 856 años, las costas del, entonces, condado independiente de Holanda (entidad política integrada en el Sacro Imperio Romano Germánico), eran afectadas por una marea ciclónica que superó las dunas de las playas —que actuaban como diques naturales de contención— y que inundó docenas de pueblos y miles de jornales de tierra. Aquella marea ciclónica es el primer fenómeno de estas características de la historia de Europa que fue documentado. Los anales de la época hablaron de miles de víctimas —en algunos casos se habla de hasta 100.000—, pero la historiografía moderna estima que la cifra estaría situada sobre los 2.000.
Una marea ciclónica es un fenómeno natural producido por los vientos de una tormenta o de un ciclón que provoca el aumento repentino del nivel del mar y que arrastra grandes masas de agua tierra adentro. Este fenómeno se produce por el efecto del choque de dos masas de aire, una caliente en superficie —producto de un episodio, excepcional o no, de altas temperaturas— y una fría en altura. Este tipo de fenómenos son típicos de las zonas tropicales, pero, esporádicamente, afectan también a regiones de clima templado. En la alta Edad Media, la región del Mar del Norte era ligeramente más cálida que en la actualidad y los anales hablan de varios episodios de mareas ciclónicas.
Aquella marea ciclónica sería llamada Allerheilignevloed ('Inundación de Todos los Santos') y tendría unos efectos devastadores sobre el territorio que inundó. Además de los dos millares de víctimas humanas, murieron ahogados cientos o quizás miles de cabezas de ganado (vacas y ovejas), fueron destruidos varios pueblos, se rellenaron de arena los canales de navegación que eran vías tradicionales de comunicación, y algunos lagos de agua dulce se transformaron en bahías marinas (como el antiguo lago Flevo, actualmente el refugio marítimo de Zuiderzee) y quedaron arruinados. También se produjo el redibujo de la línea costera, con la aparición de las nuevas islas de Texel y Wieringen.
