Renfe ha endurecido los protocolos de seguridad ferroviaria después del trágico accidente de Urda, en Toledo, que ha dejado al menos 69 muertos. La compañía ha establecido nuevas instrucciones para los maquinistas ante posibles fallos de los sistemas que regulan la circulación de los trenes, con el objetivo de evitar que se repitan situaciones como las que precedieron el siniestro. La principal novedad es que, si el sistema LZB deja de funcionar, los convoyes deberán reducir la velocidad hasta los 40 kilómetros por hora y circular bajo unas condiciones de vigilancia reforzada. La decisión llega después de que el ministro de Transportes, Óscar Puente, reconociera que este mecanismo de seguridad ha acumulado 170 incidencias durante el 2026.
Según ha avanzado El País, las nuevas directrices obligan a los conductores a comprobar con el responsable del centro de control que el tramo ferroviario por el que deben circular está libre de otros trenes. Esta confirmación será indispensable para continuar el trayecto cuando se produzca una interrupción del sistema. Además, Renfe también prevé aplicar estas precauciones en caso de fallo del ERTMS, otro de los mecanismos de supervisión y protección utilizados en la red ferroviaria.
La limitación de velocidad responde al principio ferroviario de la "marcha a la vista", que obliga al conductor a adaptar la circulación a las condiciones de la vía. Eugenio Parreño, maquinista jubilado y coordinador de la Plataforma por el Tren de Castilla-La Mancha, explica a La Sexta que este procedimiento exige conducir a una velocidad que permita "detenerse ante cualquier obstáculo que vea en la vía". Además de reducir la marcha, los maquinistas deberán obtener garantías explícitas del centro de control antes de reanudar la circulación.
Tragedia en Urda
El cambio de criterio está directamente relacionado con las circunstancias del accidente de Urda. El día del siniestro, un fallo del sistema LZB precedió la colisión de un tren de Renfe con un convoy de Iryo que estaba parado. Las grabaciones de las comunicaciones ferroviarias conocidas hasta ahora indican que, desde el centro de control de Atocha, se autorizó al maquinista de Renfe a reanudar la circulación a "marcha normal", en lugar de hacerlo bajo las restricciones de la marcha a la vista.
Las primeras conclusiones de la Autoridad Administrativa Independiente para la Investigación Técnica de Accidentes e Incidentes sitúan la velocidad del tren de Renfe por encima de los 160 kilómetros por hora en el momento del impacto. La investigación deberá aclarar todavía con precisión las circunstancias de la colisión, especialmente las instrucciones transmitidas desde Atocha a los dos convoyes y la velocidad a la que circulaban. Para reconstruir estos hechos, los investigadores disponen de las cajas negras de los trenes, que ya se encuentran en manos de la Guardia Civil.