Tal día como hoy del año 1814, hace 212 años, en Brienne-le-Château (a 200 km al oeste de París y a 250 km al este de la frontera franco-palatina), se libraba la batalla de Brienne, que enfrentaría al ejército imperial de Francia —formado por 36.000 hombres y comandado por el propio emperador Napoleón y por los mariscales Marmont, Ney y Perrin— y a un combinado militar de Prusia y de Rusia que sumaba 30.000 efectivos y estaba dirigido por el mariscal prusiano Von Blücher y por los generales rusos Olsufiev y Osten-Sacken. Dicha batalla se produjo en el marco de la ofensiva de la alianza internacional antibonapartista y fue la primera que se libró en suelo francés. También fue la última gran batalla que ganó Napoleón como emperador de los catalanes.

Seis años antes (Bayona, País Vasco francés; 6 de mayo de 1808), Napoleón había adquirido el Reino de España a Fernando VII. El precio de aquella operación, pactada a satisfacción de ambas partes, había sido la entrega a favor del Borbón español de una pensión anual y vitalicia de cuatro millones de francos franceses, la corona de Etruria (estado satélite de Francia que se correspondía con el antiguo ducado independiente de la Toscana) y una esposa de sangre real. Pero había separado a Catalunya del lote, que había sido incorporada al Primer Imperio francés —de facto— como una región más, y de iure desde el 27 de enero de 1812. Por lo tanto, Napoleón era emperador de los catalanes, en la medida en que los habitantes de la Catalunya de la época eran considerados hijos de Francia.

Lo serían hasta que Napoleón —por la evolución de la guerra— renunció a los departamentos catalanes, y su hermano José I, abandonado por los pretendidos ilustrados de Madrid, tuvo que regresar a Francia. En ese momento, Napoleón ordenó a Fernando VII regresar a Madrid y el "rey felón" —mascando cristales— cruzó la frontera hispanofrancesa por La Jonquera (22 de marzo de 1814). Catalunya fue reintegrada al arcaico reino borbónico español y se acabó la primavera política y cultural que había vivido con el régimen bonapartista (1808-1814). Durante esta etapa, Catalunya había recuperado la oficialidad del catalán (proscrito desde la ocupación borbónica de 1714) y había impulsado un extraordinario movimiento social, cultural y económico.