Tal día como hoy del año 1821, hace 196 años, estallaba la primera revuelta estrictamente obrera de la historia peninsular. Fue en Alcoi (País Valencià) y fue motivada por la proliferación de máquinas de cardar e hilar que se emplazaban en las fábricas de la ciudad. El año 1821 Alcoi -pionera de la industrialización en el País Valencià- era una ciudad de 20.000 habitantes -el mismo volumen poblacional que Reus, Lleida o Girona- muy activa económicamente, socialmente y culturalmente. El sector fabril, protagonista de la economía local, generaba el 50% del empleo de la ciudad y de la comarca, y la llegada de las máquinas fue interpretada como una tragedia.

La compra de la maquinaria -fabricada en Bilbao- se hacía a través de operaciones conjuntas de los grandes industriales locales, agrupados en la organización patronal -de raíz histórica gremial- Real Fábrica de Paños de Alcoy. Con la adquisición de las máquinas se pretendía implantar el modelo inglés de fabricación: el emplazamiento de la producción en la fábrica. Un sistema que amenazaba el modelo de trabajo tradicional formado por miles de familias -de la ciudad y de la comarca- que producían desde sus casas. Un sistema que pretendía, también, la implantación de unos salarios más bajos y de unos ritmos de trabajo -controlados directamente en la fábrica- considerados brutales e inhumanos.

El 2 de marzo 1.200 personas armadas destruyeron 17 cardadores e hiladoras que estaban emplazadas en las fábricas de las afueras, y que representaban más de la mitad del parque maquinario de la ciudad. El alcalde Pere Irles sofocó la revuelta prometiendo el desmantelamiento del resto de máquinas, pero al mismo tiempo avisaba al ejército. 4 días más tarde, dos regimientos de caballería tomaban una ciudad en relativo estado de calma y efectuaban centenares de detenciones; tanto en la misma Alcoi, como en Cocentaina, Benilloba, Muro y Ares. Se dictaron docenas de penas de reclusión que afectaban tanto al condenado como a sus familias, que quedaban condenadas a la miseria.

Pasados unos meses los Voluntarios Realistas -grupos paramilitares de ideología ultracatólica- sustituyeron al ejército en su misión represora. Estuvieron ahí 2 años. Y pasados 6 años, los condenados por los hechos de Alcoi continuaban encarcelados en condiciones infrahumanas. Tanto era así, que el diputado a Cortes por la circunscripción de Alcoi elevó una petición al Ministerio de Justicia solicitando ampliar el espacio destinado a la prisión municipal. El argumento que esgrimió era que los condenados, -los protagonistas de la primera gran revuelta obrera- morían amontonados, a causa de las inhumanas condiciones de habitabilidad y de salubridad de la prisión.