Tal día como hoy del año 1746, hace 280 años, en el paraje de Culloden (Tierras Altas, Escocia), se libraba una batalla que enfrentaba a las fuerzas jacobitas (partidarios de Bonnie Charles —el bonito Carlos—, pretendiente de la casa Stuart al trono de Londres) contra el ejército británico, enviado por el rey Jorge II y el Parlamento de Londres para aplastar aquella rebelión. En aquella batalla, se enfrentaron los 5.000 hombres de la causa jacobita, que habían sido reclutados, principalmente, entre la población civil de los viejos clanes escoceses de las Tierras Altas, y los 9.000 efectivos profesionales del ejército británico. El resultado de aquella batalla fue favorable a los británicos.
Aquella fue la última gran batalla que enfrentaría a los jacobitas contra el Ejército Real. Después de aquella batalla, William de Cumberland —jefe militar de los británicos— desplegaría una terrible represión contra la población civil de las Tierras Altas escocesas —que habían sido el principal apoyo de la causa jacobita— y que provocaría una huida muy importante hacia las colonias británicas de América, especialmente hacia la parte interior de la colonia de Virginia (montes Apalaches). El grueso de la inmigración escocesa a América se produciría durante los años inmediatamente posteriores a la derrota de Culloden.
Algunos de los clanes más numerosos de las Tierras Altas escocesas —como los Mc. Donald, Mc. Lean, Mc. Leod o Mc. Kintosh— quedaron bastante diezmados por esta inmigración. Ello provocaría la desaparición de la lengua celta escocesa, que había resistido, principalmente, en aquel espacio geográfico y sociológico. Además, los británicos (ingleses y escoceses del sur) proscribieron el sistema clánico —propio de la sociedad escocesa desde la antigüedad— y dos de los elementos identitarios más importantes de aquel mundo de clanes: el kilt y la gaita. Paradójicamente, estos dos elementos sobrevivirían y trascenderían hasta la actualidad a través de los regimientos escoceses del ejército británico.
