Tal día como hoy del año 1936, hace 90 años, la Diputación Permanente de las Cortes republicanas —el equivalente al actual Congreso de los Diputados— aprobaba la amnistía al president Lluís Companys (ERC) y a los consellers del Govern de Catalunya Martí Esteve (Acció Catalana Republicana), Joan Lluhí i Vallescà (Partit Nacionalista Republicà d’Esquerres), Joan Comorera (Unió Socialista de Catalunya) y Ventura Gassol, Pere Mestres i Martí Barrera (los tres de ERC), que habían sido condenados por la justicia española por los Fets del Sis d’Octubre (1934). Después de tres meses detenidos en el buque-prisión Uruguay —fondeado en el puerto de Barcelona— y cuatro meses en la prisión Modelo de Madrid, habían sido condenados a 30 años de reclusión (5 de junio de 1935).
Poco después vendría el escándalo de corrupción del Estraperlo (septiembre-diciembre, 1935), que implicaba a diversos miembros del ejecutivo central y que provocaría la caída del Gobierno Lerroux y la convocatoria de elecciones anticipadas (febrero, 1936). Las izquierdas españolas se unieron en una plataforma que llamaron Frente Popular y que incluía en su programa la amnistía a los presos políticos catalanes, porque entendía que la única forma de salvar aquella monumental crisis de confianza era normalizando la vida política catalana. Las izquierdas catalanas concurrieron bajo el paraguas de ERC con la marca Front d’Esquerres. El 16 de febrero, el Frente Popular y el Front d’Esquerres ganaban las elecciones y el 17 la Diputación Permanente de las Cortes aprobaba la amnistía.
El president Companys y los consellers de su Govern, que cumplían la condena en el penal de Puerto Real (Andalucía), fueron excarcelados una semana después (28 de febrero de 1936), y al día siguiente regresaban a Barcelona y reemprendían sus funciones. Después de dieciséis meses de reclusión, en condiciones pésimas, el president Companys llegó a Barcelona con la salud muy deteriorada. Las fotografías que recogen aquel momento revelan un hombre con la figura encogida, que contrasta con la personalidad enérgica que mostraba antes de la reclusión. La Generalitat —intervenida— y el Parlament —clausurado desde el 7 de octubre de 1934— recuperaron su actividad y el president Companys gobernaría el país hasta, prácticamente, la ocupación franquista de Barcelona (26 de enero de 1939).
