No deja de ser sorprendente la facilidad con que el mundo occidental ha aceptado, como una situación inmodificable, la sustitución de la política diplomática por la ley del más fuerte. El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025, de la que el próximo martes se cumplirá un año, aunque por las cosas que han sucedido en estos doce meses parece que haga bastante más tiempo, ha desembocado en un tiempo de incertidumbre, de preocupación y de desconcierto. El mundo se ha hecho menos imaginable o, lo que es peor, hay una previsibilidad de las cosas intranquilizadora. El cesarismo de Trump parece haber atrofiado, incluso, el debate político.
El mundo occidental oscila entre una resignación acrítica y un alineamiento más o menos disimulado para no perder el favor del todopoderoso presidente norteamericano. En las últimas horas, dos ejemplos nos ofrecen una idea bastante clara de ello. En primer lugar, está la entrega de Corina Machado, la líder opositora venezolana, a Donald Trump de la medalla del Premio Nobel de la Paz, que recibió en Noruega el pasado mes de diciembre. Más allá del ridículo de Trump aceptando un premio que no es suyo y tampoco es transferible, está la afrenta de ambos a Noruega por la bochornosa escena en la que posan con la medalla sonrientes en el Despacho Oval. Eso por no hablar de los elogios de Machado a Trump después de tantos desplantes y haber accedido a la Casa Blanca casi por la puerta de servicio. La pleitesía también tiene que tener sus límites, si no el ridículo está garantizado.
Este sábado, Trump ha vuelto a dar una nueva señal de cuál es su respuesta cuando se le lleva la contraria al anunciar aranceles a los países europeos que se oponen a su deseo de anexionar Groenlandia a Estados Unidos. En la lista de damnificados están Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Finlandia, Alemania, Reino Unido y Países Bajos. Según ha anunciado por el conducto habitual de la red Truth Social, a partir del 1 de febrero los ocho países mencionados deberán pagar un arancel del 10% sobre los productos enviados a Estados Unidos. Si el acuerdo exigido por Trump para hacerse con la isla de Groenlandia se alarga, el 1 de junio este arancel se incrementará al 25%. Todo ello, además, después de que varios países de la UE y la OTAN hayan anunciado que apoyarían una fuerza conjunta para ampliar las capacidades de defensa del Ártico y de Groenlandia.
Trump ha vuelto a dar una nueva señal de cuál es su respuesta cuando se le lleva la contraria al anunciar aranceles a los países europeos que se oponen a su deseo de anexionar Groenlandia a Estados Unidos
Trump, con este anuncio, no solo demuestra que sus intenciones de anexión son serias e irreversibles, sino que vuelve a demostrar que no hay vía alguna para la negociación con la UE, a la que a veces margina, otras insulta, y en la gran mayoría de las ocasiones desprecia. Económicamente, supone un golpe directo a las exportaciones europeas, ya que se encarecerán, y se corre el riesgo de desordenar la carrera de suministros transatlántica. Es la segunda vez que Trump y Europa chocan por los aranceles. La primera fue en el mes de agosto, cuando planteó a la UE una política arancelaria del 25%, un porcentaje que bajó al 15% después de arduas negociaciones y del compromiso de inversiones millonarias en el sector industrial y de defensa de los EE.UU.
Ahora amenaza con abrir un conflicto militar con la intención de desanimar a los países que se alinean con Dinamarca por Groenlandia, que además saben que la defensa de la isla es imposible si EE.UU. se decide a anexionarla militarmente. Cada vez se ve más claro que a Trump solo lo parará una reacción contundente y enérgica que se produzca en Estados Unidos. Y ello requiere tiempo. No es suficiente que una mayoría del 58% de los estadounidenses consideren que el primer año de Trump ha sido un fracaso, ni que la tasa de aprobación sea de tan solo el 39%. Las elecciones legislativas de noviembre, en el ecuador de su mandato, serán claves para ver si conserva manos libres en la Cámara de Representantes y en el Senado o, por el contrario, sus atribuciones quedan restringidas. Nunca, en los últimos años, unas elecciones de medio mandato fueron tan trascendentes e importantes.