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El documento de alegaciones presentado por la defensa del empresario Julio Martínez Martínez, conocido coloquialmente como Julito, ante la Audiencia Nacional es, sin exageración, una auténtica bomba de relojería en la línea de defensa del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Julito, para unos amigo íntimo del expresidente y para otros directamente su testaferro, ha tomado nota de la doctrina implementada por el Tribunal Supremo con el también empresario Víctor de Aldama, tras su colaboración en el llamado caso Mascarillas, y ha empezado a tirar de la manta. Treinta y tres días después de que Zapatero se sacudiera ante el juez José Luis Calama las acusaciones por el denominado caso Plus Ultra, en el que está imputado por los presuntos delitos de tráfico de influencias y blanqueo de capitales vinculados al rescate de dicha aerolínea, Julio Martínez ofrece una versión muy diferente del papel del expresidente. En seis páginas explica su relación con Zapatero, cómo actuaba la sociedad Análisis Relevante (de la que era administrador), los contratos con Plus Ultra y otras empresas y el cobro del 1 % de comisión si la ayuda pública salía adelante.

Estamos, seguramente, ante la primera entrega de los acuerdos a los que puede llegar Julio Martínez con la fiscalía y ya ha sido suficiente para que todo el entramado del PSOE y de Moncloa haya entrado en una secuencia de pánico, ya que desconocen, fundamentalmente, cómo sigue la novela. El expresidente queda muy tocado a la espera de si las acusaciones de su amigo lo dejan tocado y hundido o solo lo primero. Evidentemente, aquellos que se apresuraron a hacer piruetas comparativas de lawfare con el caso del independentismo catalán ya pueden ir recogiendo carrete. Veremos si lo que dice Julito se corresponde con toda la verdad o no, pero lo que no es en ningún caso es una utilización abusiva o estratégica de los procedimientos legales y las instituciones judiciales para inhabilitar, desprestigiar o destruir a un adversario, que es la definición más ajustada de lawfare. Aquí lo que hay es mucho más sencillo: Zapatero pone en contacto a Julio Martínez con Plus Ultra y crean Análisis Relevante para cobrar a los clientes que trae el expresidente. La comisión por el rescate de la aerolínea fue del 1 % y el pago de esos honorarios se difirió y parte se canalizó a través de otras sociedades vinculadas a Julito.

El expresidente queda muy tocado a la espera de si las acusaciones de su amigo lo dejan tocado y hundido o solo lo primero

Zapatero no dijo la verdad cuando señaló que solo era un asesor ocasional, ya que, según el escrito, lideraba Análisis Relevante, decidía la estrategia y era el consultor principal, y tampoco era verdad que no consiguiera clientes, ya que el escrito asegura que los cuatro clientes llegaron gracias a él. Sorprende, a la vista de todo eso, la torpeza del expresidente con el juez Calama en su declaración, ya que en estas situaciones, y en su condición de imputado, puede guardar silencio, decir la verdad o mentir, que siempre suele ser la peor de las alternativas. No es un delito, pero es un acto de impericia. El escrito del amigo de Zapatero tiene un efecto colateral importante: descoloca a todo el mundo y abre una guerra de futuro incierto más allá del expresidente, ya que nadie sabe con exactitud el material que maneja. Tampoco van a valer las campañas de descrédito que se le puedan realizar, porque eso ya se hizo en el pasado y no le funcionó al PSOE. Está, finalmente, como queda su papel en el partido y si se le acaba abriendo expediente o se mira hacia otro lado, teniendo en cuenta que su papel político ha sido clave hasta hace cuatro días y en su cartera de temas propios estuvo desde la ley de amnistía hasta las negociaciones con Junts y directamente con Carles Puigdemont. También armar, en momentos de dificultad de Pedro Sánchez, la mayoría parlamentaria para sacar adelante iniciativas legislativas cuando eso era factible. De eso hace ya un tiempo.

Si nos atenemos a situaciones del pasado y cómo fueron evolucionando, el juez Calama empezará a disponer, si no lo tiene ya, de documentación suficiente para abrir piezas separadas y secretas que vayan más allá de Plus Ultra. Julito no era una persona que pasaba por allí y tanto él como Zapatero han reconocido una relación de muchos años, desde aproximadamente 2011. En ese año, el matrimonio Zapatero le vendió una vivienda situada en Vera (Almería) y, según ha explicado en su escrito, la firma de la escritura tuvo lugar en el Palacio de la Moncloa, porque Zapatero aún era presidente del Gobierno en ese momento. Y de ahí nació supuestamente la amistad. Por si ese escrito del amigo no fuera suficiente, el presidente de Plus Ultra ha presentado poco después otro en el que también implica a Zapatero en el cobro de la comisión ilegal del 1 % de los 53 millones de euros que recibió la aerolínea de la SEPI. Vamos, una mordida de 530.000 euros aprobada por el Consejo de Ministros. Por cierto, el Gobierno también está en el disparadero, no solo Zapatero.