El cráter de la crisis en el Ministerio del Interior empieza a tener dimensiones colosales y cada hora que pasa se hace más profundo. El ministro Fernando Grande-Marlaska no logra, ni haciendo uso de la cartera para equiparar salarialmente a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, sofocar la rebelión en la cúpula de la Guardia Civil desatada tras el cese del coronel Diego Perez de los Cobos como responsable de la comandancia de Madrid, alegando eufemísticamente pérdida de confianza. En el corazón del conflicto, el informe remitido por la Guardia Civil comandada por De los Cobos a la juez que investiga si hubo delito con la autorización de la manifestación del 8-M en Madrid y que señala al delegado del Gobierno en la comunidad.

Desde entonces, Marlaska sale a cese o dimisión diaria: el martes fue el número dos del cuerpo, el teniente general Laurentino Ceña, el rostro de la guardia civil que ha venido informando de la pandemia del coronavirus desde la Moncloa. Ceña se solidarizó inmediatamente con De los Cobos, un uniformado con enorme predicamento en determinados sectores después de su paso por Catalunya para impedir el referéndum del 1 de octubre de 2017, que se saldó con más de un millar de heridos en medio de una violencia policial desproporcionada. Este miércoles a Ceña le ha acompañado en la salida de la cúpula del instituto armado el teniente general Fernando Santafé, jefe del Mando de Operaciones de la Guardia Civil y considerado el número tres del cuerpo.

En medio de la crisis del coronavirus, que ha dejado hasta la fecha más de 27.000 muertos en España, y de la crisis económica, que ya ha pasado a ser la principal preocupación de la ciudadanía, se ha instalado una tercera crisis, producto de la confrontación entre el ministro Marlaska y la Guardia Civil. Es una situación insólita para un gobierno socialista en España, ya que nunca se había producido un estallido similar en un cuerpo de naturaleza militar y con 90.000 hombres.

Y es también una noticia más que preocupante ya que la idea de solidaridad con el coronel cesado por parte de la cúpula de la Guardia Civil dando un paso al frente acaba siendo un reflejo que puede ser leído como todo un pulso al poder político. Nada que no supiéramos de un gobierno incapaz de llevar a cabo cualquier iniciativa que no responda al ecosistema político reinante en Madrid, donde otros poderes han ido haciéndose con el mando de la situación, empezando por el poder judicial, que ha sido el que ha ido marcando la agenda de la vida pública en los últimos tiempos con un poder desmedido.

Por encima de todas estas crisis emerge con vida propia la fragilidad de un gobierno superado por los acontecimientos y sin capacidad para liderar con una mínima cohesión esta nueva y difícil etapa. Recién salido Pablo Iglesias de ver en HBO las tres temporadas de la imprescindible serie francesa de televisión Baron Noir, una recomendación, según él mismo nos ha explicado, de Pedro Sánchez, es muy posible que aún esté imbuido por la sublimación de los partidos y la doble moral del servidor público. Ciertamente, la serie es real pero no ejemplarizante. Los protagonistas van abriéndose paso a lomos de la venganza. Nada que nos suene extraño.

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