Con casi un millar de detenidos en Francia, con una media de edad de 17 años, el país galo aborda una preocupante situación de descontrol, que ya se alarga cuatro noches, a raíz de la muerte de un joven por un disparo de un agente durante una intervención policial en el norte de París. El presidente Emmanuel Macron y su gobierno se encuentran absolutamente superados por un vandalismo de violencia extrema que se ha extendido como la pólvora por todo el país y que ha provocado una crisis sin precedentes, pese a que en los últimos años se han producido situaciones graves como el movimiento de los chalecos amarillos en 2018 o, más recientemente, las fuertes protestas por la ampliación de la edad de jubilación de 62 a 64 años.
En este caso, las protestas por la muerte del joven Nahel M., de origen magrebí, parecen haber encendido una mecha, largos años larvada, de malestar por la situación y que un artículo del diario Le Monde interpreta como que los manifestantes cuestionan el estado soberano francés. Varios presidentes de la República se han desentendido durante años de un problema que se veía venir —al menos desde el segundo mandato de Jacques Chirac, en 2002— que acabaría siendo un auténtico polvorín y que no encontraría la solución en la continua ampliación de las plantillas de policía.
Este viernes por la noche, el ministro de Interior, Gérald Darmanin, ha anunciado la movilización de más de 45.000 policías, cinco mil más que la noche anterior. También se han adoptado una serie de medidas para contener las revueltas callejeras, como prohibir las concentraciones en los sitios más emblemáticos de París, en varias ciudades hay toque de queda, se ha limitado el transporte público en todo el país a partir de las 21 horas y se han suprimido conciertos para evitar aglomeraciones.
Todo ello en medio de actos de pillaje en establecimientos de todo el país que han sido ampliamente emitidos por televisión, a diferencia de otras imágenes, de origen más dudoso y alarmistas, que no han superado diferentes cuentas de Twitter. Este hecho ha llevado al presidente Macron a culpar a las redes sociales y los videojuegos —"intoxican la mente de los jóvenes"— de los graves disturbios. También ha pedido a los padres responsabilidad para que sus hijos no participen en disturbios.
Si la situación actual continúa, el presidente francés no ha descartado ni la activación del estado de emergencia ni desplegar el ejército por las calles del país. Una posibilidad que los medios de comunicación galo consideran más que probable si durante este fin de semana no se revierte la situación. Aunque la situación creada se mantiene, por ahora, en el interior de Francia, los belgas ya han empezado a preocuparse por si la cólera de los manifestantes produce alguna explosión en su país.
